Música: Álex de Lucas y Zahara
Fotografía: Carlos Rigo
Reparto:
Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu, Manu Ríos, Lola Rodríguez, Eneko Sagardoy, María Galiana, Esperanza Guardado...
Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu, Manu Ríos, Lola Rodríguez, Eneko Sagardoy, María Galiana, Esperanza Guardado...
Pamplona, finales de los años 90. Adela (Elisabeth Martínez) es la solitaria hija única de una acomodada familia profundamente conservadora y religiosa. Su ordenada y monótona rutina transcurre entre la regencia de la tienda de antigüedades familiar y las clases de catequesis que imparte.
Su existencia está marcada por la sobreprotección de su madre y por un gran silencio impuesto sobre su propia intersexualidad, una condición biológica que ella misma desconoce por completo pero que ha condicionado toda su realidad corporal y emocional.
El frágil equilibrio de su vida salta por los aires debido a una reacción en cadena provocada por tres personas: una hermosa amistad con un sacerdote recién llegado, el regreso de un gran amigo de la infancia y la irrupción de Isabel (Anna Castillo), una vital mujer que revoluciona sus sentimientos.
Este torbellino emocional empujará a Adela a romper con la rigidez de su entorno y emprender un liberador viaje de autodescubrimiento de Pamplona a Madrid, donde necesitará del amor y el apoyo de los demás para reconstruir su propia identidad.
Han pasado más de cinco décadas desde que Jaime de Armiñán dirigiese Mi querida señorita, una película que consiguió hablar de las identidades que no encajaban en las normas de una sociedad profundamente conservadora, esquivando además la censura de la época. Ahora Fernando González Molina recupera aquella historia desde una mirada completamente diferente, creo que no con la intención de repetirla, sino de llevarla a nuestro tiempo y abrir nuevas preguntas.
La actual Mi querida señorita es una adaptación libre y contemporánea que cambia algunas cosas de la original y que pone en el centro de la historia la intersexualidad, el no binarismo y la identidad de género y creo que ahí está precisamente su mayor interés… no estamos ante una simple actualización de la película de 1972, sino ante una historia que toma aquella idea como punto de partida para construir algo propio.
Adela es una joven solitaria, hija única, educada en una familia profundamente conservadora de Pamplona. Su vida transcurre entre la tienda de antigüedades familiar y las clases de catequesis, dentro de una rutina marcada por el silencio, las apariencias y la enorme protección de su madre. Adela vive sin conocer una parte fundamental de sí misma, una realidad biológica que le ha sido ocultada y que terminará descubriendo cuando una visita médica cambie por completo la manera en la que se ha sentido hasta ese momento.
A partir de ahí comienza su verdadero viaje… un viaje que no es solamente físico, sino también emocional, ya que Adela empieza a hacerse preguntas sobre quién es, sobre lo que desea y sobre todo, la necesidad de conocerse sin sentir que tiene que encajar obligatoriamente en una etiqueta que le han impuesto.
La película se puede dividir en dos partes… la primera funciona como un drama costumbrista y centrado en la angustia de una mujer que siente que hay algo en ella que no comprende y que no puede compartir con nadie y la segunda abre la historia hacia la búsqueda de libertad y hacia un Madrid que vive el cambio de milenio. Es cierto que el contraste es interesante, aunque también hace que el conjunto resulte un tanto irregular y descompensado.
Mientras en la película de Armiñán, José Luis López Vázquez interpretaba a aquella mujer que escondía una identidad que ni siquiera ella misma comprendía, aquí se ha apostado por una actriz intersex para interpretar a Adela. Elisabeth Martínez debuta así en el cine desde una experiencia que forma parte de su propia realidad, algo que da a la película una dimensión de representación que no estaba en la original.
También hay un posicionamiento claro frente a la violencia médica que a lo largo de la historia han sufrido muchas personas intersexuales, especialmente cuando se han tomado decisiones sobre sus cuerpos sin que pudieran decidir por sí mismas y la película introduce esta cuestión dentro de la historia y la conecta con debates que hoy están mucho más presentes en nuestra sociedad.
En cuanto a las interpretaciones, Elisabeth Martínez tenía complicado estar a la altura de la interpretación que hizo José Luis López Vázquez, por lo que la comparación es prácticamente imposible, aún así, creo que su trabajo podría haber tenido más matices ya que su interpretación me ha resultado demasiado lineal.
Y hablando de interpretaciones… qué bonito regalo el encontrarnos al final de la película con Julieta Serrano. Su presencia, su sonrisa y esa mirada tan especial llenan la pantalla de una luz difícil de explicar… es uno de esos pequeños momentos que tienen algo de homenaje y también de agradecimiento a quienes hicieron posible que aquella historia de 1972 llegara hasta nosotros.
Mi querida señorita me parece una película entretenida que no creo que pretenda mejorar la obra de Armiñán, porque sería una batalla perdida desde el principio y lo que hace es tomarla, mirarla desde el presente y preguntarse qué podemos contar hoy que entonces no podía contarse de la misma manera, y quizá ahí está lo mejor de esta nueva película… recordarnos que conocernos a nosotros mismos debería estar por encima de cualquier nombre que los demás quieran ponernos, ya que a veces la verdadera libertad empieza justo cuando dejamos de intentar ser quienes esperan que seamos.
No estamos ante una película perfecta ni ante un nuevo hito cinematográfico, pero sí ante una propuesta honesta que utiliza el eco del pasado para reflejar que la identidad sigue siendo una de las batallas más complejas y humanas de nuestro presente.





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