Año: 2009
Duración: 94 min.
País: Perú
Dirección: Claudia Llosa
Guion: Claudia Llosa
Música: Selma Mutal
Fotografía: Natasha Braier
Reparto:
Magaly Solier, Susi Sánchez, Antolín Prieto...
Duración: 94 min.
País: Perú
Dirección: Claudia Llosa
Guion: Claudia Llosa
Música: Selma Mutal
Fotografía: Natasha Braier
Reparto:
Magaly Solier, Susi Sánchez, Antolín Prieto...
Fausta (Magaly Solier), es una joven que padece un mal místico y atávico que se llama "la teta asustada". Según las creencias de las comunidades andinas, esta "enfermedad" se transmite a través de la leche materna de mujeres que fueron violadas o maltratadas durante la época del terrorismo y el conflicto armado en el Perú.
La creencia popular sostiene que quienes nacen infectados por este miedo nacen sin alma, lo que condena a Fausta a vivir en un estado de terror absoluto y constante aislamiento. Para proteger su propia intimidad frente al pánico obsesivo que le tiene a los hombres y a sufrir una agresión sexual, Fausta oculta un impactante secreto: se ha introducido una patata en la vagina a modo de escudo protector.
Tras la súbita muerte de su madre, Fausta se ve obligada a afrontar el mundo exterior por sí misma para cumplir el último deseo de su progenitora: conseguir el dinero necesario para llevar su cuerpo de regreso a su pueblo natal y darle un entierro digno.
Para lograrlo, la protagonista empieza a trabajar como empleada doméstica en la residencia de Aída (Susi Sánchez), una refinada concertista de piano de clase alta en Lima.
Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival Internacional de Berlín 2009
FIPRESCI - Premio Internacional de la Crítica en el Festival Internacional de Berlín 2009
Premio Coral a la Mejor Película en el Festival del Nuevo Cine Iberoamericano de La Habana 2009
Premios APRECI 2009 a la Mejor Película
La película se convierte en el eje de una historia que habla de heridas que pasan de una generación a otra y de un miedo que se instala en el cuerpo y en el alma... la directora peruana ha explicado en varias ocasiones que su intención era mantener viva la memoria de las víctimas que sufrieron la violencia que sacudió Perú durante los años ochenta y noventa, tanto por parte de los grupos armados como de las fuerzas del Estado y con esta intención se nos presenta desde el primer momento este significado para poder adentrarnos en la historia.
Magaly Solier sostiene prácticamente toda la película con una interpretación contenida... interpretando a una mujer atrapada por los temores heredados, alguien que vive encerrada en sí misma, con una tristeza permanente y una fragilidad que apenas deja espacio para mostrar emociones más evidentes.
La historia avanza despacio, casi al ritmo pausado de las canciones que entona la protagonista y esa lentitud hace que todo tenga un aire muy áspero y seco... como esos caminos polvorientos que recorren los personajes. Sin embargo, también me ha provocado que en algunos momentos la narración resulte demasiado uniforme y líneal.
Lo que sin duda es incuestionable es la belleza de las imágenes... hay algo poético en la manera en que Claudia Llosa retrata los barrios humildes y las casas levantadas en las laderas... ese mosaico de tejados de colores, las calles de tierra, las personas que continúan adelante pese a las dificultades y una vida marcada por la pobreza, pero también por pequeños instantes de alegría y dignidad.
La fotografía posee una enorme sensibilidad y convierte escenas sencillas en imágenes llenas de lirismo. A eso se suma el magnífico trabajo musical de Selma Mutal... la música y las canciones tienen un peso muy importante y contribuyen a crear ese universo tan particular que respira la película.
Quizá donde más dudas me ha dejado ha sido en la capacidad de trasladarme ese miedo que constituye el centro del relato. Aun así, La teta asustada posee una personalidad propia y una mirada poco común, y quizá, entre tanta tristeza y tanta dureza, también deja espacio para una pequeña melodía de esperanza que asoma tímidamente al final.











