domingo, 27 de septiembre de 2026

La bola negra






Año: 2026
Duración: 158 min.
País: España
Dirección: Los Javis, Javier Calvo y Javier Ambrossi
Guion: Los Javis, Javier Calvo, Javier Ambrossi y Alberto Conejero
Música: Raül Refree
Fotografía: Gris Jordana
Reparto:
Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Penélope Cruz, Glenn Close, Lola Dueñas, Antonio de la Torre, Albert Plà, Hugo Welzel, Antonio Dechent, Yenesi, Julio Torres...



La película narra las vidas interconectadas de tres hombres homosexuales en tres épocas distintas de la historia de España: 1932, 1937 y 2017. El eje central y simbólico que une sus historias es el manuscrito inacabado de Federico García Lorca.


En 1932, un joven de buena familia intenta ingresar en el exclusivo Casino de Granada, un club que vota la idoneidad de sus miembros usando bolas blancas o negras, sufriendo el rechazo por su orientación sexual.

En 1937, en plena Guerra Civil, los hilos del deseo y el dolor se entrelazan trágicamente en el frente de batalla.


Finalmente, en 2017, la trama conecta estas complejas herencias emocionales con la identidad queer contemporánea, mostrando cómo las heridas del pasado se transmiten y resuenan a través de las generaciones.




Premio a la Mejor Dirección en el Festival de Cannes 2026
Premio del Público en el Festival de San Sebastián 2026
Premio del Público a la Mejor Película en el Festival de Toronto | TIFF 2026





Ayer fui al cine a ver La bola negra, la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi y tengo que reconocer que me pasé la última media hora sin poder parar de llorar. Me encontré con una película enorme, ambiciosa, bellísima y también, es cierto, excesiva en algunos de sus momentos… pero precisamente por eso me ha resultado tan especial. Los Javis han querido lanzarse de lleno a contarnos una historia de amor, deseo, miedo, culpa, memoria y libertad que atraviesa distintas épocas de España.
El punto de partida es fascinante… la película nace de las apenas cuatro páginas que Federico García Lorca llegó a escribir de La bola negra, la obra teatral que dejó inacabada antes de ser asesinado en 1936, y se encuentra también con La piedra oscura, de Alberto Conejero. A partir de ahí, los Javis construyen algo que no es exactamente una adaptación de ninguna de las dos obras, sino una película con identidad propia que utiliza esas historias y esos personajes para entregarnos magia hecha cine.
La estructura me parece uno de sus grandes aciertos… tres hombres, tres momentos diferentes y tres vidas que avanzan por caminos separados, pero que terminan conectándose de una manera mucho más profunda porque hay puntos que las unen y que pasan de una generación a otra como el deseo, el miedo a ser uno mismo, la represión, la culpa, los secretos, las heridas y muchas de las libertades que hoy damos por hechas y que fueron imposibles para otras personas en tiempos pasados y que ojalá no vuelvan.
Empieza la película con unos maravillosos títulos de crédito y a lo largo de la película nos encontramos con escenas impresionatemente bellas como ese larguísimo plano secuencia en un bar del Sacromonte, en la Granada de los años treinta con la cámara moviéndose entre la gente mientras suena el flamenco, la gente que baila y bebe, un niño taconeando y la cantaora llenando la escena con una voz impresionantemente poderosa… toda la escena parece un sueño que no quieres que termine.
La película está rodada en 35 mm y los lugares elegidos son preciosos… el pueblo abandonado de Castil de Carrias, Comillas, Sigüenza y distintos rincones del Albaicín de Granada, y la fotografía, los decorados, el vestuario y todo el trabajo artístico están cuidados hasta el último detalle.
Me impresiona, una vez más, como Los Javis son capaces de entender perfectamente la relación entre música, emoción e imagen y en La bola negra llevan esa manera de contar tan personal que tienen más allá de lo imaginado con unas escenas y planos maravillosos como los fuegos artificiales junto al mar, Sebastián subiendo por las flechas de la estatua del mártir que lleva su nombre o la escena del cabaret con Penélope Cruz como protagonista de un número fantástico.
La música, cómo en todo lo que han hecho hasta ahora sus directores, tiene un papel fundamental con canciones populares de los años treinta que encajan maravillosamente con las escenas, el piano, la trompeta, el flamenco y toda la banda sonora con música original de Raül Refree que me ha parecido preciosa, van acompañando a los personajes a lo largo de sus más de dos horas de duración.
El reparto, qué puedo decir del reparto… impresionante, desde el primero hasta el últimos de sus interpretes, destacando a Miguel Bernardeau y Guitarricadelafuente interpretando a un Sebastián atrapado en un tiempo que no le permite vivir como quiere y que acaba representando a toda una generación que se vio obligada a callar y que tuvieron que vivir el amor a escondidas.
Aquí es justo donde aparece la España más oscura como un lugar, donde desear podía convertirse en un peligro, donde ser diferente podía marcarte para siempre y donde muchas personas tuvieron que esconder una parte fundamental de quienes eran.
Es cierto que en algunos momentos La bola negra pueda resultar excesiva, pero sinceramente, me da absolutamente igual… prefiero una película que en algunos momentos pueda perder un poco el equilibrio, a otra perfectamente correcta que dos días después ya no recuerdas ni el título. Además… así son Los Javis, capaces de darlo todo y eso es lo que hacen en esta película, donde nos regalan planos preciosos, cuerpos convertidos casi en paisajes, fiestas que parecen sacadas de un sueño, ruinas, playas, nieve, soldados, cabaret, flamenco, poesía, sexo, lágrimas…todo cabe perfectamente aquí, construyendo una película con personalidad, con riesgo y con una enorme capacidad de emocionar.
La escena final me parece sobrecogedoramente emocionante con ese “¡Mira que nos acechan todavía!”, que me puso la piel de gallina. Es cierto que quizás no sea perfecta… ni falta que le hace. Es una película desbordante, visualmente maravillosa, musicalmente preciosa y con una ambición enorme… un torrente de belleza, una obra imperfectamente colosal que te agarra del pecho en el primer minuto y te lleva de viaje a través de la maravillosa locura de Los Javis que han filmado su proyecto más maduro y arriesgado.
Como ya he dicho… salí del cine con los ojos hinchados de llorar, pero con el alma encendida gracias a ese sobrecogedor aviso lorquiano con el que se cierra la película, que no es solo un broche de oro, es una llamada de atención directa a nuestro presente.

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

Federico García Lorca





sábado, 12 de septiembre de 2026

Yo no moriré de amor






Año: 2026
Duración: 94 min.
País: España
Dirección: Marta Matute
Guion: Marta Matute
Música: Simon Fransquet
Fotografía: Sara Gallego
Reparto:
Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal, Laura Weissmahr, Guillermo Benet, Daniel Guerro, Rocío Calvo, Chema del Barco, Fran Cantos, Lorea Intxausti, Sofía de Iznájar...





A sus 18 años, Claudia (Júlia Mascort) siente como la repentina irrupción del alzhéimer en la vida de su madre actúa como una tormenta silenciosa que sacude los cimientos de su hogar. Esta dolorosa realidad obliga a redefinir bruscamente los roles de una familia que arrastraba un largo historial de desconexión y desapego.


Atrapada en un profundo conflicto emocional entre el deber moral de cuidar a su progenitora y su legítimo anhelo de exprimir la vida como cualquier chica de su edad, Claudia iniciará un viaje prematuro, buscando la manera de amar y sostener a los suyos sin terminar renunciando a sí misma en el proceso.




Biznaga de Oro a la Mejor Película en el Festival de Málaga 2026
Premio a la Mejor Actriz para Júlia Mascort en el Festival de Málaga 2026
Premio al Mejor Actor de Reparto para Tomás del Estal en el Festival de Málaga 2026


Premio Feroz Puerta Oscura 2026 en el Festival de Málaga 2026




Yo no moriré de amor es el debut en el cine de la directora y guionista madrileña Marta Matute en la que nos presenta a Claudia que tiene 18 años y está viviendo ese momento de la vida en el que todavía queda mucho por descubrir, por equivocarse, por disfrutar y por empezar a decidir quién quieres ser… pero la enfermedad de su madre aparece de golpe y cambia por completo las reglas. De repente, esa juventud que parecía tener por delante se llena de responsabilidades para las que nadie está preparado y Claudia se ve obligada a crecer demasiado deprisa.
Marta Matute nos enseña a través de esta historia el cansancio, las discusiones, las diferencias entre quienes cuidan a las personas mayores, a las personas enfermas, las responsabilidades que no siempre se reparten como deberían entre los diferentes miembros de la familia y esa tensión que se va instalando dentro de una casa hasta terminar afectándolo todo.
Cuidar a una persona enferma no es solamente estar pendiente de ella… también significa aprender a vivir con una realidad que no has elegido, reorganizar tu vida, aparcar muchas veces tus propias necesidades y enfrentarte a sentimientos que ni siquiera tu misma sabes bien cómo colocar en tu interior.
Tengo que decir que en bastantes momentos me he sentido especialmente cerca de lo que estaba viendo. He vivido situaciones con mi amatxo que, aunque evidentemente no sean exactamente las mismas que aparecen en la película, me han hecho reconocer determinadas emociones, cansancios y sentimientos, y por ello, la película me ha tocado de una manera que me resulta muy difícil de explicar, porque ha habido escenas en las que he sentido como si algo me apretara por dentro, como si el pecho se hiciera más pequeño y respirar costara un poquito más.
Cuando una película consigue removerte de esa manera ya no puedes verla únicamente desde fuera… la terminas y te quedas pensando, y no sabes muy bien qué sientes, si alivio porque ha terminado, tristeza por todo lo que te ha hecho recordar o esa extraña sensación de descubrir que hay muchas personas atravesando situaciones que, a veces, creemos que solo nos han tocado a nosotras.
Es cierto que quizás yo hubiese ido un poco más lejos y me habría gustado que profundizara más en algunas de esas situaciones que pueden llegar a romper a una familia, alterar la vida de todos sus miembros, cambiar sus relaciones con los demás y dejar un desgaste emocional que no desaparece cuando la enfermedad termina, pero también entiendo que, si hubiera mostrado toda esa realidad con una crudeza todavía mayor, quizá habría sido una película casi insoportable de ver… y bastante difícil ha sido ya para mí en algunos momentos.
Las interpretaciones de Júlia Mascort y Tomás del Esnal están fuera de toda duda, pero quiero detenerme especialmente en Sonia Almarcha, porque Sonia Almarcha tiene algo que pocas intérpretes consiguen… parece que no está interpretando y en una historia como esta, donde las emociones están tan a flor de piel, esa naturalidad resulta fundamental. Su trabajo me ha parecido inmenso. Por supuesto, imposible no hablar de Laura Weissmahr, que vuelve a ganarme… poco más puedo decir ella, bueno, no es cierto… podría decir mucho y todo bueno.
Yo no moriré de amor me ha parecido una película sensible y muy humana, que me ha tocado, me ha removido y sobre todo, me ha hecho recordar y creo que su gran triunfo es su capacidad para romper la pantalla y abrazar a quienes hemos estado en esa trinchera. Marta Matute ha filmado un espejo doloroso pero necesario en el que podemos vernos reflejadas y darnos cuenta que no estamos solas en el cansancio ni en la culpa. Una película que raspa la memoria, que te obliga a respirar hondo al terminar de verla y que nos hace sentir que aunque la enfermedad arrase con todo, hay lazos que ninguna tormenta logrará borrar.