Título original: Balandrau, vent salvatge
Música: Arnau Bataller
Fotografía: Miquel Prohens
Reparto:
Álvaro Cervantes, Bruna Cusí, Marc Martínez, Francesc Garrido, Eduardo Lloveras, Àgata Roca, Anna Moliner, Pep Ambròs, Jan Buxaderas, Corentin Lobet, Eric Seijo...
Un grupo de amigos montañeros emprenden el ascenso a la cima del Balandrau (2.525 metros de altitud) bajo un sol radiante. En cuestión de minutos, el clima cambia de forma radical e imprevisible por la llegada del torb, un viento salvaje con rachas superiores a los 100 km/h que desata una tormenta de nieve histórica y destructiva.
La película se divide en dos bloques narrativos: la agónica lucha de los excursionistas por sobrevivir a la intemperie helada y el heroico despliegue del cuerpo de bomberos y equipos de rescate en unas condiciones extremas.
Fernando Trullols lleva al cine una de las tragedias más duras del montañismo en España. El 30 de diciembre del año 2000, en el Pirineo de Girona, siete montañeros perdieron la vida a causa de un fenómeno meteorológico conocido como torb, una combinación de viento intenso y nieve que puede reducir la visibilidad hasta hacer desaparecer cualquier referencia del entorno. La película reconstruye aquellos acontecimientos a partir del trabajo periodístico y del libro de Jordi Cruz, que recogió los testimonios de quienes sobrevivieron y de las personas que participaron en las labores de rescate.
Todo comienza con una estampa que parece sacada de una postal… cinco amigos se disponen a subir al Balandrau, una montaña de unos 2.500 metros de altura. Hace frío, pero el sol brilla, la nieve resplandece y el cielo está despejado… nada hace pensar que aquella jornada vaya a convertirse en una pesadilla. Son personas con sus vidas, sus ilusiones y sus planes de futuro, pero la montaña cambia de rostro en cuestión de minutos. El tiempo empeora de forma brutal, las temperaturas caen y el viento se convierte en un enemigo imposible de controlar. Cuando el grupo decide regresar y comienza el descenso con los esquís, la tormenta los alcanza. A partir de ahí, la película nos introduce en una lucha desesperada por sobrevivir, mientras los equipos de rescate intentan llegar hasta quienes se han quedado atrapados en unas condiciones extremas.
Lo que más me ha gustado de Balandrau, viento salvaje es precisamente la forma en que consigue recrear la tormenta. La inmensidad blanca de la montaña, el viento golpeando sin descanso, la nieve que impide ver a unos pocos metros y esa sensación de desorientación están muy bien conseguidos… hay momentos en los que casi puedes sentir el frío en la cara y comprender la angustia de quienes intentan encontrar un camino cuando todo a su alrededor ha desaparecido bajo la nieve.
También me ha gustado mucho el trabajo de los actores, especialmente el de Álvaro Cervantes. El reparto consigue transmitir el miedo, el desconcierto y la desesperación de unas personas que, de un momento a otro, se ven enfrentadas a una situación que jamás habrían imaginado. Es un trabajo complicado, tanto por lo que exige emocionalmente como por las condiciones que podemos intuir durante el rodaje y el maquillaje también contribuye a mostrar el desgaste físico de los personajes a medida que avanzan las horas y la lucha por sobrevivir se vuelve cada vez más difícil y la música de Arnau Bataller es maravillosa.
Si tengo que ponerle un pero creo que sería al guion, el cual creo que profundiza poco en los personajes y que podría haber desarrollado mejor algunas diálogos y situaciones.
Y llegamos al final… un final con el que inevitablemente me he emocionado… difícil no hacerlo, quizá porque, a medida que avanza la historia, dejamos de ver solamente una reconstrucción de unos hechos para pensar en todo lo que aquellas personas perdieron y en el dolor de quienes tuvieron que seguir adelante sin ellas.
Balandrau, viento salvaje podría haber sido una película mucho más redonda con un guion más trabajado, un desarrollo más profundo de sus personajes y una mayor confianza en la fuerza de la propia historia. No es la película perfecta, ni creo que alcance todo el potencial que tenía entre manos, pero eso no impide reconocer sus aciertos, que son muchos, especialmente en la recreación de la tormenta, en el trabajo de fotografía y en las interpretaciones.
Me quedo con su capacidad para trasladarnos a aquella montaña, con la angustia de quienes intentaron sobrevivir y con el esfuerzo de quienes se jugaron la vida para ayudar a los demás.
Balandrau, viento salvaje es una película irregular pero también intensa, emocionante y visualmente muy potente. Fernando Trullols no filma un simple espectáculo de supervivencia, sino un réquiem helado dedicado a quienes se quedaron en la cima y a las familias que tuvieron que habitar el vacío. Aunque el guion a veces titubee al perfilar la intimidad de sus personajes, la apabullante majestuosidad de sus imágenes consigue romper la pantalla.
Puede que la narrativa no explore todas las posibilidades que se entreveía, pero su clímax emocional borra cualquier flaqueza de ritmo, dejándonos a solas con la sensación de que las mejores películas de supervivencia no se miden por la perfección de su libreto, sino por su capacidad de hacernos salir del cine con el corazón encogido y unas ganas inmensas de abrazar la vida y esta… lo consigue.
















