sábado, 13 de junio de 2026

Testigo de cargo






Título original: Witness for the Prosecution
Año: 1957
Duración: 114 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Billy Wilder
Guion: Billy Wilder y Harry Kurnitz
Música: Matty Malneck
Fotografía: Russell Harlan
Reparto:
Tyrone Power, Marlene Dietrich, Charles Laughton, Elsa Lanchester, John Williams, Una O'Connor, Henry Daniell, Norma Varden, Torin Thatcher, Ian Wolfe, Francis Compton...


Sir Wilfrid Robarts (Charles Laughton), es un brillante, sarcástico y ya anciano abogado criminalista que, a pesar de su delicada salud y las estrictas órdenes de su enfermera, decide aceptar un caso sumamente complejo: la defensa de Leonard Vole (Tyrone Power).


Vole es un hombre agradable pero ingenuo, acusado del brutal asesinato de una viuda rica que, poco antes de morir, lo había nombrado heredero universal de su fortuna. Todo apunta a una condena inevitable, y la única baza para la defensa es la esposa del acusado, Christine Vole (Marlene Dietrich).


Sin embargo, la estrategia se desmorona por completo cuando ella da un giro inesperado y decide testificar en el juicio, no a favor de su marido, sino como testigo de la acusación.




Globo de Oro 1958 a la Mejor Actriz de Reparto para Elsa Lanchester
Premio David di Donatello 1958 al Mejor Actor Extranjero para Charles Laughton




Testigo de cargo es una película que juega constantemente con quien está al otro lado de la pantalla... cuando parece que ya tienes todas las piezas encajadas, aparece un nuevo giro que vuelve a desmontarlo todo. Es cierto que, vista hoy, algunas de sus vueltas de tuerca pueden parecer excesivas e incluso algo difíciles de creer, pero Billy Wilder consigue que eso importe poco porque el viaje resulta tremendamente entretenido.
Lo que más disfruté viendo la película fue, sin duda, la agilidad de sus diálogos, ese humor elegante, marca de la casa, que aparece cuando menos lo esperas... esa mezcla que hace que una trama judicial que podría resultar pesada y aburrida se convierta en una escena dinámica y muy entretenida.
En el reparto hay mucho talento, de eso no hay duda, aunque para mí quien domina la función de principio a fin es Charles Laughton. Su Sir Wilfrid está lleno de personalidad, ironía y carisma y cada vez que aparece en pantalla resulta imposible apartar la mirada de él. A su lado, Tyrone Power ofrece una interpretación sólida... especialmente emotiva si se recuerda que fue la última de su carrera, ya que fallecería pocos meses después del estreno, y qué decir de Marlene Dietrich, siempre elegante, siempre magnética, aunque sin poder  ejar aún lado esa frialdad que la caracterizó pero dejando frases tan memorables como aquella en la que asegura que nunca se desmaya porque no está segura de caer con suficiente elegancia... poco más puedo decir.
La película está considerada una de las mejores adaptaciones cinematográficas de una obra de Agatha Christie (me reservo mi opinión), pero sin duda el guion está construido con enorme precisión y consigue mantener el misterio hasta el último momento.
Reconozco que el paso de los años se nota en algunos aspectos y personalmente no la colocaría entre las obras más redondas de Billy Wilder... hay otras películas suyas que me parecen más brillantes.
Aún así, Testigo de cargo continúa siendo una película inteligente, entretenida, una de esas historias que consiguen mantener la atención de principio a fin gracias a unos personajes magníficos, un reparto memorable y un guion que juega con el espectador hasta el último instante. Puede que algunas de sus sorpresas resulten hoy algo exageradas, pero sigue teniendo la capacidad de engancharte a la pantalla y de dejarte con una sonrisa cuando aparecen los créditos finales.




viernes, 12 de junio de 2026

April





Título original: Aprili
Año: 2024
Duración: 134 min.
País: Georgia
Dirección: Dea Kulumbegashvili
Guion: Dea Kulumbegashvili
Música: Mathew Herbert
Fotografía: Arseni Khachaturan
Reparto:
Ia Sukhitashvili, Kakha Kintsurashvili, Merab Ninidze...


Nina (Ia Sukhitashvili), es una experimentada ginecoobstetra que trabaja en el hospital de una empobrecida y patriarcal zona rural de Georgia.


Su carrera da un vuelco trágico cuando un recién nacido muere durante un parto bajo su supervisión. El padre del bebé la culpa de negligencia, lo que desata una rigurosa investigación hospitalaria que amenaza con sacar a la luz su mayor secreto: Nina viaja clandestinamente por los pueblos colindantes suministrando píldoras y practicando abortos ilegales a mujeres desamparadas que lo necesitan.




Premio Especial del Jurado en el Festival de Venecia 2024
Ganadora de la sección Zabaltegi en el Festival de San Sebastián 2024





April es una película que no hace fácil el camino al espectador que se pone frente a ella, y es que la directora georgiana Dea Kulumbegashvili se adentra en un tema incómodo y doloroso como es el aborto en Georgia a través de Nina, una ginecóloga que vive atrapada entre sus convicciones, las leyes de su país y una sociedad que sigue juzgando con dureza las decisiones de las mujeres.
La película retrata una realidad dura en la que las mujeres siguen teniendo que enfrentarse a numerosos obstáculos para decidir sobre sus propios cuerpos. Nina conoce bien las consecuencias de una maternidad impuesta y observa de cerca cómo muchas mujeres viven condicionadas por el miedo, la tradición, la religión y el control social, y eso la lleva a tomar decisiones arriesgadas.
La directora apuesta por una puesta en escena muy contenida, con escenas largas... muy largas, silencios prolongados... muy pronlongados y situaciones que resultan incómodas de contemplar... muy incómodas, hasta el punto que en algunas escenas incluso tuve que apartar la vista de la pantalla.
Más allá del debate sobre el aborto, April también habla del miedo, de la cobardía colectiva, de las relaciones que nunca terminan de encontrar su lugar y de la enorme soledad que suele acompañar a quienes se atreven a desafiar las normas establecidas... y esa soledad es mayor cuando quien desafía esas normas es una mujer.
Es cierto que la frialdad con la que está narrada puede crear cierta distancia emocional, sin embargo, creo que precisamente esa mirada seca y austera forma parte de la propuesta de Kulumbegashvili.
Detrás de sus 134 minutos hay una reflexión sobre la violencia ejercida contra las mujeres, sobre la moral impuesta desde las instituciones y sobre cómo una sociedad entera puede convertir en heroína o en culpable a una persona simplemente por intentar ayudar a otras.
No es una película cómoda de ver, ni agradable, ni fácil de recomendar a cualquiera... es áspera, perturbadora y, en ocasiones, incluso desagradable, pero también es una obra interesante, precisamente porque se niega a endulzar aquello que no admite ningún tipo de azúcar.




miércoles, 10 de junio de 2026

El infierno






Título original: L'Inferno (Dante's Inferno)
Año: 1911
Duración: 70 min.
País: Italia
Dirección: Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan
Fotografía: Emilio Roncarolo
Reparto:
Salvatore Anzelmo Papa, Arturo Pirovano, Giuseppe de Liguoro, Augusto Milla...



La trama narra el viaje alegórico del poeta Dante (Salvatore Anzelmo Papa) a través de los nueve círculos del infierno. Tras perderse en un bosque oscuro y ser acechado por tres bestias, su amada Beatriz envía al poeta clásico Virgilio (Arturo Pirovano) para rescatarlo y guiarlo en un descenso al inframundo.


A lo largo de su travesía, Dante contempla los crueles castigos eternos asignados a cada pecado capital y se encuentra con diversas figuras históricas y mitológicas (como Cleopatra, el conde Ugolino o heresiarcas atrapados en tumbas de fuego).
El perturbador recorrido visual culmina en el epicentro congelado del abismo, donde ambos poetas se enfrentan cara a cara con el mismísimo Lucifer devorando a los grandes traidores de la historia.




Es soprendente, como hay películas que, más de un siglo después de su estreno, siguen provocando asombro... al menos a mí, y justo esto es lo que me ha ocurrido con la película El infierno dirigida por Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan. No sólo estamos ante el primer largometraje de la historia del cine italiano, sino también ante una obra que permite viajar a los auténticos orígenes de este arte, cuando todo estaba todavía por inventarse.
Basada en la primera parte de La Divina Comedia de Dante Alighieri e inspirada en las ilustraciones de Gustave Doré, la película nos conduce por el descenso de Dante a los dominios infernales acompañado por Virgilio. Juntos atraviesan diferentes círculos poblados por almas condenadas que sufren castigos relacionados con sus pecados. Asesinos, hipócritas, violentos, traidores y otros personajes desfilan por un universo oscuro y extraño que conserva intacta gran parte de su capacidad para fascinar.
Una de las cosas que más me ha impresionado ha sido la enorme imaginación visual que desprende cada escena... cada decorado, cada truco visual y cada composición contribuyen a construir una atmósfera de pesadilla que parece surgir directamente de un sueño y esa apariencia primitiva, incluso ingenua en algunos momentos, le otorga una personalidad única.
La película estaba formada originalmente por cincuenta y cuatro rollos y supera la hora de duración, algo verdaderamente sorprendente para su época.
La versión restaurada incorpora una banda sonora compuesta por el grupo Tangerine Dream. Personalmente, no terminé de conectar con ella porque me parece que en lugar de reforzar la experiencia, en algunos momentos restaba fuerza a la atmósfera original.
Más de cien años después, esta pequeña joya italiana continúa invitando a soñar, a maravillarse y a recorrer rincones oscuros que parecen nacidos de una pesadilla y quizá ahí resida precisamente su magia... en demostrar que, incluso cuando el cine apenas empezaba a caminar, ya era capaz de transportarnos a lugares imposibles.
Un testimonio eterno de que el cine, desde su más tierna infancia, ya poseía las llaves del inframundo y el poder de dar forma a nuestras pesadillas más profundas. Los pioneros italianos no solo tradujeron la inmortal palabra de Dante, sino que demostraron que el celuloide es el verdadero espejo del subconsciente.