Título original: L'Inferno (Dante's Inferno)
Año: 1911
Duración: 70 min.
País: Italia
Dirección: Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan
Fotografía: Emilio Roncarolo
Reparto:
Salvatore Anzelmo Papa, Arturo Pirovano, Giuseppe de Liguoro, Augusto Milla...
Año: 1911
Duración: 70 min.
País: Italia
Dirección: Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan
Fotografía: Emilio Roncarolo
Reparto:
Salvatore Anzelmo Papa, Arturo Pirovano, Giuseppe de Liguoro, Augusto Milla...
La trama narra el viaje alegórico del poeta Dante (Salvatore Anzelmo Papa) a través de los nueve círculos del infierno. Tras perderse en un bosque oscuro y ser acechado por tres bestias, su amada Beatriz envía al poeta clásico Virgilio (Arturo Pirovano) para rescatarlo y guiarlo en un descenso al inframundo.
A lo largo de su travesía, Dante contempla los crueles castigos eternos asignados a cada pecado capital y se encuentra con diversas figuras históricas y mitológicas (como Cleopatra, el conde Ugolino o heresiarcas atrapados en tumbas de fuego).
El perturbador recorrido visual culmina en el epicentro congelado del abismo, donde ambos poetas se enfrentan cara a cara con el mismísimo Lucifer devorando a los grandes traidores de la historia.
Es soprendente, como hay películas que, más de un siglo después de su estreno, siguen provocando asombro... al menos a mí, y justo esto es lo que me ha ocurrido con la película El infierno dirigida por Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan. No sólo estamos ante el primer largometraje de la historia del cine italiano, sino también ante una obra que permite viajar a los auténticos orígenes de este arte, cuando todo estaba todavía por inventarse.
Basada en la primera parte de La Divina Comedia de Dante Alighieri e inspirada en las ilustraciones de Gustave Doré, la película nos conduce por el descenso de Dante a los dominios infernales acompañado por Virgilio. Juntos atraviesan diferentes círculos poblados por almas condenadas que sufren castigos relacionados con sus pecados. Asesinos, hipócritas, violentos, traidores y otros personajes desfilan por un universo oscuro y extraño que conserva intacta gran parte de su capacidad para fascinar.
Una de las cosas que más me ha impresionado ha sido la enorme imaginación visual que desprende cada escena... cada decorado, cada truco visual y cada composición contribuyen a construir una atmósfera de pesadilla que parece surgir directamente de un sueño y esa apariencia primitiva, incluso ingenua en algunos momentos, le otorga una personalidad única.
La película estaba formada originalmente por cincuenta y cuatro rollos y supera la hora de duración, algo verdaderamente sorprendente para su época.
La versión restaurada incorpora una banda sonora compuesta por el grupo Tangerine Dream. Personalmente, no terminé de conectar con ella porque me parece que en lugar de reforzar la experiencia, en algunos momentos restaba fuerza a la atmósfera original.
Más de cien años después, esta pequeña joya italiana continúa invitando a soñar, a maravillarse y a recorrer rincones oscuros que parecen nacidos de una pesadilla y quizá ahí resida precisamente su magia... en demostrar que, incluso cuando el cine apenas empezaba a caminar, ya era capaz de transportarnos a lugares imposibles.
Un testimonio eterno de que el cine, desde su más tierna infancia, ya poseía las llaves del inframundo y el poder de dar forma a nuestras pesadillas más profundas. Los pioneros italianos no solo tradujeron la inmortal palabra de Dante, sino que demostraron que el celuloide es el verdadero espejo del subconsciente.
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