domingo, 18 de octubre de 2026

Iván & Hadoum






Año: 2026
Duración: 101 min.
País: España
Dirección: Ian de la Rosa
Guion: Ian de la Rosa y Diego Vega
Fotografía: Beatriz Sastre
Reparto:
Silver Chicón, Herminia Loh, Úrsula Díaz Manzano, Esperanza Guardado, Cisco Lara, Isabelle Stoffel...


Iván (Silver Chicón) es un joven mozo de almacén trans que está plenamente integrado en su pueblo, siempre y cuando cumpla con los roles sociales impuestos. Su monótona vida laboral cambia por completo cuando conoce a Hadoum (Herminia Loh), una chica de origen marroquí que empieza a trabajar en la misma planta de envasado.


Entre cajas y largas jornadas laborales, surge entre ambos un romance libre de prejuicios y lleno de deseo. Sin embargo, la inesperada oportunidad de un ascenso laboral para Iván a jefe de almacén interfiere directamente en su relación, forzándolo a colisionar con el racismo, la transfobia de sus familias y las dinámicas del sistema patriarcal, obligándole a decidir qué clase de persona quiere ser.




Teddy Award al Mejor Largometraje en el Festival Internacional de Berlín 2026
Premio Especial del Jurado - Biznaga de Plata en el Festival de Málaga 2026
Premio al Mejor Guion en el Festival de Málaga 2026




Iván & Hadoum es una película que tiene su mayor fuerza en las personas que las habitan, en sus miradas, en sus silencios y en las pequeñas luchas cotidianas que a veces pasan desapercibidas. Es una una historia de amor que se desarrolla en el sur de España, entre los interminables invernaderos de Almería, donde el trabajo, las diferencias sociales y los prejuicios forman parte de la realidad, por difícil que cueste asumirla.
Iván es un hombre trans que trabaja como carretillero en los invernaderos. Allí conoce a Hadoum, una joven hispano-marroquí con la que comparte las largas jornadas en la cadena de envasado. Entre el cansancio del trabajo, los campos cubiertos de plástico y las playas cercanas, surge una relación que tendrá que enfrentarse a las dificultades de su entorno y a la incomprensión de sus propias familias. Enamorarse debería ser algo sencillo y maravilloso, pero no siempre lo es cuando los demás pretenden decidir cómo debemos vivir, a quién debemos querer y qué lugar nos corresponde en el mundo.
Ian de la Rosa construye una película que habla del amor, la identidad, la libertad y la pertenencia, pero también de las condiciones de vida de quienes trabajan en un sector fundamental para nuestra sociedad y que, demasiadas veces, permanecen en los márgenes.
Me resulta especialmente interesante la manera en que la película se acerca a sus personajes y a los papeles que cada uno ocupa dentro de su familia. A veces aceptamos determinadas responsabilidades, obedecemos ciertas normas o seguimos un camino porque creemos que es lo que se espera de nosotros y sin darnos cuenta, podemos terminar viviendo una vida que no hemos elegido. Romper con esas expectativas requiere valentía, sobre todo cuando hacerlo significa enfrentarse a las personas que queremos y para mí, ahí se encuentra una de las cuestiones más interesantes de la película… la posibilidad de decidir quiénes queremos ser.
También me ha resultado interesante saber que Ian de la Rosa trabajó con los actores y actrices sin un guion completamente cerrado, dando espacio a la improvisación y a la exploración de las emociones.
Sin embargo, aunque me resluta una película llena de sensibilidad y honestidad en lo que cuenta, creo que la película no termina de encontrar siempre el ritmo adecuado. Durante buena parte de la historia tengo la sensación de que vuelve una y otra vez sobre las mismas cuestiones, sin avanzar todo lo que podría hacerlo y algunos conflictos tardan en adquirir el peso que necesitan.
Aun así, no creo que sus limitaciones borren sus aciertos… hay momentos de autenticidad, escenas en las que los personajes parecen desprenderse de todo lo que los condiciona y simplemente se permiten sentir y es ahí donde la película encuentra su mejor versión. El reparto que acompaña a Chicón y Loh también contribuye a dar forma a ese mundo, con interpretaciones que encajan en una historia que busca acercarse a una realidad social concreta sin perder de vista la intimidad de quienes la viven.
Iván & Hadoum no pretende reinventar las historias de amor ni está libre de algunos caminos que ya hemos recorrido antes en el cine. Para mí, su interés está sobre todo, en las personas que retrata y en las preguntas que deja abiertas. Me quedo con esa necesidad de romper las barreras que otros levantan a nuestro alrededor, con la importancia de no renunciar a nuestra identidad para conseguir la aprobación de los demás y con la idea de que amar también significa tener la libertad de elegir.
Bajo el sol implacable de Almería y ese mar de plástico que parece sepultar los márgenes de nuestra sociedad, Ian de la Rosa consigue filmar algo tan frágil y revolucionario como la verdad del ser humano y aunque la narración a veces gire sobre sí misma buscando su propio ritmo, la cámara se convierte en testigo de una metamorfosis colectiva. Iván & Hadoum no entiende de guiones cerrados ni de barreras impuestas… es una pulsión libre que, como los propios intérpretes de la película, aprende a respirar a través de la improvisación.
A veces, encontrar nuestro propio camino significa dejar de cumplir con lo que los demás esperan de nosotros y empezar, por fin, a vivir como realmente queremos.




sábado, 17 de octubre de 2026

Amarga Navidad





Año: 2026
Duración: 111 min.
País: España
Dirección: Pedro Almodóvar
Guion: Pedro Almodóvar
Fotografía: Pau Esteve Birba
Reparto:



La película narra la alternancia de dos historias conectadas por el arte de la creación. La primera se sitúa en el año 2004 durante el puente de diciembre y sigue a Elsa (Bárbara Lennie), una exitosa directora de publicidad que, tras perder a su madre durante las fiestas, intenta esquivar el luto sumergiéndose de forma obsesiva en el trabajo.


Tras sufrir un colapso en forma de ataque de pánico, se ve obligada a detener su rutina y viaja a Lanzarote junto a su amiga Patricia (Victoria Luengo) para buscar nuevas perspectivas.

La segunda historia ocurre en paralelo entre los años 2025 y 2026, protagonizada por Raúl (Leonardo Sbaraglia), un reputado guionista y director cinematográfico sumido en una profunda sequía creativa.


Raúl recurre a la autoficción escribiendo un guion basado precisamente en las vivencias de Elsa, desdibujando las fronteras entre la realidad, la inspiración de su propio entorno y la ficción cinematográfica.




Despues de terminar de ver Amarga Navidad siento que me encuentro ante una película visualmente muy atractiva, con una dirección artística preciosa y ese universo de colores y personajes tan reconocible en el cine de Pedro Almodçovar, pero a la que le falta algo fundamental para mí… emoción.
La película nos presenta a Elsa, una directora de publicidad que tras perder a su madre intenta escapar del dolor refugiándose en el trabajo. Pero el cuerpo termina pasando factura y la ansiedad acaba abriéndose camino. En medio de ese proceso aparecen la amistad, la necesidad de huir, la posibilidad de encontrar refugio en otra persona y esa dificultad que tenemos tantas veces para enfrentarnos a lo que nos duele de verdad y afrontar ese dolor.
Sobre el papel, había material suficiente para construir una buena historia a través de la pérdida, el duelo y las distintas maneras de intentar seguir adelante ya que son temas que pueden llegarte a lo más hondo de nuestras emociones, sin embargo siento que la película se queda a medio camino ya que las situaciones que nos presenta no terminan de transmitir la fuerza que necesitan y aparecen y desaparecen sin dejar demasiada huella emocional y me cuesta conectar con los personajes. Es más, en algunos momentos me he sentido muy identifacad con lo que estaba pasando y aú así, siendo consciente que ese momento debería desgarrarme el alma… no he sentido nada.
Almodóvar introduce además en la película otra historia, en este caso alrededor de Raúl, un director que busca inspiración en su propia vida y en las personas que lo rodean para escribir. A partir de ahí, la película juega con las fronteras entre realidad y ficción, mezclando lo que sucede delante de nosotros con aquello que nace de la imaginación de quien escribe y aunque es una propuesta que podría haber dado mucho de sí, especialmente por todo lo que plantea sobre la creación artística, la experiencia personal y la tentación de convertir la vida de los demás en material para una historia… sin embargo, a mí ese juego de espejos me acaba alejando, porque hay tantos caminos, tantas capas y tantas reflexiones sobre el propio acto de crear que echo en falta una historia que respire verdad.
Lo que más me ha gustado es, sin duda, su apartado visual. La dirección artística es preciosa y demuestra que Almodóvar sigue teniendo una capacidad extraordinaria para construir espacios y combinar colores. También el reparto cuenta con intérpretes de indiscutible talento, aunque en esta ocasión no he encontrado en sus personajes la profundidad necesaria para que sus interpretaciones terminen de emocionarme.
Creo que el principal problema de Amarga Navidad está en la distancia que establece con aquello que pretende contar. Almodóvar ha demostrado muchas veces que sabe hablar del dolor, de la soledad, de las relaciones humanas y de las contradicciones de la vida con una sensibilidad especial. Aquí, en cambio, su mirada hacia el mundo de la creación y hacia sus propias inquietudes me resulta demasiado encerrada en sí misma, fría… diría que perfectamente aséptica.
No me atrevería a decir que es una película carente de interés, porque su propuesta visual y su manera de jugar con la ficción tienen elementos que merece la pena prestar atención, pero sí me parece una obra menor dentro de la filmografía de un director que nos ha regalado películas capaces de conmovernos y sorprendernos al máximo y precisamente por conocer lo que Almodóvar puede llegar a conseguir, me da más pena sentir que esta vez no ha encontrado el camino.
Ojalá su próximo trabajo recupere esa capacidad de mirar a los personajes de frente, sin tantas vueltas, y de encontrar en sus contradicciones algo que nos haga reconocernos en ellos, porque el cine necesita hacernos sentir y a mí, por desgracia, Amarga Navidad no lo ha conseguido.
Almodóvar nos regala un juego de espejos impecable, donde la realidad de Elsa y los fantasmas creativos de Raúl se difuminan en una paleta cromática deslumbrante, pero donde el dolor se vuelve puramente geométrico. Nos queda una película visualmente bellísima que, paradójicamente, se olvida de lo más importante… que el cine, antes de ser un brillante ejercicio de estilo sobre el arte de crear, es el impulso sagrado de hacernos sangrar el alma.