domingo, 11 de octubre de 2026

Tres adioses





Título original: Tre ciotole
Año: 2025
Duración: 120 min.
País: Italia
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Enrico Audenino e Isabel Coixet
Música: Alfono de Vilallonga
Fotografía: Guido Michelotti
Reparto:
Alba Rohrwacher, Elio Germano, Silvia D'Amico, Francesco Carril, Galatéa Bellugi, Sarita Choudhury, Sofia D'Elia, Giorgio Colangeli...


Marta (Alba Rohrwacher) y Antonio (Elio Germano) son una pareja afincada en Roma que decide separarse tras lo que parecía una discusión insignificante. Él, un prometedor chef de cocina, se refugia obsesivamente en sus fogones... ella, profesora de instituto, se sumerge en un profundo y triste silencio mientras lidia con una repentina pérdida de apetito.

Marta descubre que detrás de sus síntomas físicos no está el desamor, sino un diagnóstico médico devastador... un cáncer metastásico en fase terminal.


Lejos de hundirse, esta inminente cercanía con la muerte altera por completo sus prioridades, provocando que despierte en ella un deseo irrefrenable de vivir sin miedo y de saborear al máximo cada pequeño placer del tramo de vida que le queda.





Tres adioses es una película que va entrando poco a poco, que empieza con una historia aparentemente sencilla y termina hablando de la vida, el amor, las pérdidas y esa necesidad de aprender a mirar todo lo que nos rodea de otra manera cuando descubrimos que no tenemos todo el tiempo que creíamos poseer.
Marta es una profesora que comparte su vida con Antonio. Una discusión que parece no tener demasiada importancia acaba provocando la ruptura de la pareja. A partir de ahí, cada uno tendrá que seguir su camino, pero la vida todavía guarda para Marta una noticia que cambiará su manera de entender el mundo y de enfrentarse a lo que le queda por vivir. Un problema de salud serio la obliga a detenerse, a revisar sus prioridades y a preguntarse qué merece realmente la pena.
Isabel Coixet vuelve a acercarse a esos territorios que conoce tan bien… la fragilidad, la enfermedad, la muerte y el amor, pero lo hace sin recrearse en el sufrimiento ni buscar la lágrima fácil. La película habla de la muerte, pero, sobre todo, habla de la vida, de cómo la afrontamos, de las cosas que dejamos pendientes, de las palabras que no dijimos y de la importancia de reconciliarnos con nosotras mismas y con quienes nos rodean.
Tres adioses no necesita grandes golpes de efecto para emocionarte. La historia va encontrando su lugar con el paso de los minutos, hasta convertirse en una película delicada, donde es verdad que hay tristeza, claro que la hay, pero también una forma de esperanza que no nace de negar el dolor, sino de aprender a convivir con él y de entender que la vida no deja de tener belleza cuando las cosas se tuercen… a veces es justo entonces cuando empezamos a descubrirla en los lugares donde antes ni siquiera nos habíamos detenido a mirar.
Alba Rohrwacher está magnífica… consigue transmitir el desconcierto, el miedo y esa mezcla de sentimientos que aparece cuando una noticia te obliga a replantearte toda tu vida.
También me parece importante cómo Coixet construye el espacio en el que se desarrolla la historia. Roma está presente sin necesidad de convertirse en una postal turística. La ciudad aparece en sus calles, en los paseos junto al Tíber y en esos rincones que parecen guardar una vida propia.
Visualmente, la película es una preciosidad gracias a la fotografía de Guido Michelotti, rodada en 35 mm y la música de Alfonso Vilallonga y la selección de canciones también contribuyen a crear esa atmósfera tan reconocible del cine de Coixet.
Detrás de esta película hay, además, una historia que le da un significado especial. Tres adioses adapta Tres cuencos, la novela de Michela Murgia, escritora italiana, feminista y activista que murió en 2023. Su obra, marcada por una mirada muy personal sobre la vida y la enfermedad, tenía una dimensión tan íntima que hizo que Coixet se planteara si debía continuar con el proyecto después de su muerte. Finalmente, el apoyo de las personas cercanas a la escritora la animó a llevarlo adelante como una manera de mantener viva su voz a través del cine.
Es cierto que no toda la película ha mantenido esa intensidad emocional ya que el comienzo puede resultar algo irregular, sin embargo, según avanza la película, sus personajes y sus emociones van encontrando su lugar, y esa sensación inicial acaba dando paso a una narración que gana fuerza y sensibilidad.
Cuando el grano de los 35 mm se desvanece y la música de Vilallonga deja de sonar (atención a los créditos finales que llevan una pequeña sorpresa), comprendemos que el verdadero viaje de Marta ha sido un reencuentro con su propia luz. Tres adioses nos enseña que el cine, al igual que la eternidad de Roma, existe para congelar el tiempo que se nos escapa entre los dedos y que aprender a perder es en realidad, la forma más valiente y luminosa de aprender a vivir.
Una película bellísima que nos invita a apagar el proyector de nuestras prisas cotidianas, a romper con los guiones preestablecidos y a empezar a mirar todo lo que nos rodea como si fuera, verdaderamente, la primera o la última vez de nuestras vidas.




Speak No Evil





Título original: Gæsterne
Año: 2022
Duración: 89 min.
País: Dinamarca
Dirección: Christian Tafdrup
Guion: Christian Tafdrup y Mads Tafdrup
Música: Sune Kølster
Fotografía: Erik Molberg Hansen
Reparto:
Morten Burian, Sidsel Siem Koch, Fedja van Huêt, Karina Smulders, Liva Forsberg, Marius Damslev, Hichem Yacoubi, Sieger Sloot...


Una familia danesa entabla una rápida amistad con una pareja holandesa y su hijo durante unas vacaciones familiares en la idílica región de la Toscana. Meses después, reciben una invitación para pasar un fin de semana en la aislada casa de campo de sus nuevos amigos en Holanda.

Sin embargo, el reencuentro pierde rápidamente la calidez inicial. A través de pequeñas e incómodas transgresiones, los anfitriones comienzan a cruzar sistemáticamente los límites morales y personales de sus invitados.


Atrapados por el miedo a parecer maleducados y por la rigidez de las convenciones de la cortesía social, la pareja danesa ignora las señales de peligro hasta que se ve arrastrada a una espiral de sumisión psicológica y terror absoluto.




Speak No Evil es una película que te deja sin palabras, con un desasosiego enorme y una sensación de impotencia difícil de explicar.
La película trata de una familia danesa que conoce a una pareja holandesa y después de compartir unos días agradables, acepta su invitación para pasar un fin de semana en su casa. Lo que debería ser una escapada tranquila pronto empieza a torcerse… al principio son detalles pequeños, comentarios fuera de lugar y situaciones que provocan cierta incomodidad. Nada parece lo bastante grave como para hacer las maletas y marcharse, pero tampoco lo bastante normal como para estar a gusto.
Christian Tafdrup no necesita llenar la pantalla de sustos para mantenerme en tensión constante, creando la sensación de que algo terrible está a punto de suceder en todo momento, aunque nunca terminas de saber cuándo sucederá ni de qué manera lo hará y esa espera me genera ansiedad axfisiante.
La película utiliza la convivencia entre estas dos familias para poner sobre la mesa hasta qué punto la educación, las convenciones sociales y la necesidad de agradar pueden terminar convirtiéndose en una trampa.
La familia danesa parece atrapada en esa obligación de comportarse correctamente, de no molestar y de encontrar siempre una explicación razonable para lo que ocurre. Incluso cuando las cosas empiezan a resultar claramente desagradables, cuesta dar el paso de enfrentarse a los anfitriones y marcharse. Se intenta mantener la cordialidad, disimular el malestar y hacer como si nada y mientras tanto… la incomodidad crece.
Todo esto me hace pensar en cómo nos han enseñado a ser amables por encima de nuestras propias necesidades, a no levantar la voz, a no crear problemas y a poner los sentimientos de los demás por delante de los nuestros. Parece que decir que no, establecer límites o reconocer que alguien nos hace sentir mal fuera una falta de educación y Speak No Evil lleva esa idea hasta un extremo aterrador y nos obliga a preguntarnos cuánto daño podemos llegar a soportar antes de atrevernos a reaccionar.
Los actores consiguen transmitir esa tensión a través de las miradas, los silencios, los movimientos y las palabras que se quedan a medio camino.
También me parece estupendo el trabajo visual y sonoro. La fotografía y los sonidos están muy bien utilizados y todo está construido al servicio de una atmósfera que se va cerrando alrededor de los personajes y también alrededor de quienes estamos al otro lado de la pantalla.
Y entonces llega la parte final… no quiero contar nada que pueda estropearle la experiencia a quien todavía no la haya visto, pero sí diré que es uno de los desenlaces más crueles, desoladores e impactantes que recuerdo dentro del cine de terror.  Me quedé tocada, mucho, con lágrimas en los ojos y las emociones revueltas por una sensación mucho más profunda que el simple miedo ya que el terror de Speak No Evil está, quizás, en lo que representa… en el abuso de poder, en la crueldad ejercida contra quienes no pueden defenderse y en la facilidad con la que algunas personas se aprovechan de la bondad, la confianza o la vulnerabilidad ajenas.
Siempre quiero pensar que el ser humano es razonable, que la educación y las buenas maneras nos protegen, que podemos confiar en los demás si actuamos correctamente, pero ¿qué ocurre cuando esas normas dejan de servirnos y se convierten en un obstáculo para protegernos? ¿Qué pasa cuando confundimos ser buenas personas con permitir que otros traspasen todos nuestros límites?
Speak No Evil me parece una película incómoda y profundamente perturbadora… una historia oscura sobre la crueldad humana y sobre las consecuencias de no saber, o no atreverse, a decir basta y que me dejó el corazón encogido cuando los créditos comenzaron a rodar y el horror no se quedó atrapado en la pantalla y me acompañó de vuelta a la realidad.




sábado, 10 de octubre de 2026

El ser querido





Año: 2026
Duración: 135 min.
País: España
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen
Música: Olivier Arson
Fotografía: Álex de Pablo


El aclamado director de cine Esteban Martínez (Javier Bardem) es una leyenda de la cinematografía, pero carga con un turbulento pasado marcado por la violencia y los excesos.

Para el rodaje de su nuevo proyecto (una película histórica sobre la ocupación del Sáhara en los años 30), viaja a la isla de Fuerteventura. Con el pretexto de ayudarla a relanzar su estancada carrera artística, Esteban le ofrece el papel protagonista a su hija Emilia (Victoria Luengo), con quien lleva 13 años sin hablarse.


La convivencia obligada y la enorme carga psicológica del set de rodaje fomentarán el reencuentro, pero también reabrirán profundas e históricas heridas familiares marcadas por la manipulación y el abandono.




El ser querido es una película intensa que me ha dejado con la sensación de haber asistido a una master class de cine.
Desde la primera escena, Sorogoyen sabe perfectamente cómo atrapar nuestra atención… una conversación en un bar va estrechando el cerco poco a poco, hasta que desaparece todo lo que hay alrededor y solo existen las dos personas que tenemos delante. La escena es una auténtica maravilla cinematográfica y una muestra de la precisión con la que está construida toda la película.
Javier Bardem y Victoria Luengo están soberbios… un auténtico choque de trenes a través de dos personajes que parecen condenados a acercarse y hacerse daño al mismo tiempo. Ambos se mantienen en una tensión constante que acaba salpicando a todo lo que les rodea. Bardem está descomunal, con esa capacidad para llenar la pantalla con un personaje que impone, incomoda y despierta sentimientos contradictorios y Victoria Luengo, poco puedo decir sobre ella salvo que está extraordinaria.
La historia de El ser querido nos acerca a Esteban Martínez, un director de cine admirado y acostumbrado a ejercer su autoridad, y a Emilia, su hija, una actriz que atraviesa un momento complicado de su carrera. Cuando él decide contar con ella para protagonizar su nueva película, ambientada en el Sáhara español de los años treinta, ambos vuelven a encontrarse.
Pero El ser querido no es una historia sencilla sobre un padre y una hija que intentan recuperar el tiempo perdido. Sorogoyen no busca que nos resulte fácil comprenderlos ni nos ofrece respuestas, lo que hace es mostrarnos a dos personas llenas de contradicciones y con heridas abiertas… porque una cosa es querer a alguien y otra muy distinta saber quererlo bien.
El guion, escrito por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, un trabajo de escritura impresionante y la fotografía y su banda sonora son espectaculares.
Sorogoyen vuelve a demostrar que domina como pocos la tensión y la dirección de actores y me fascina el modo en que utiliza el propio cine dentro de la película. Los cambios de imagen, los diferentes formatos, el color y el blanco y negro forman parte de una propuesta que juega con la manera de mirar y de construir una historia… me encanta cuando una película consigue sorprenderme no solo por lo que cuenta, sino también por cómo lo cuenta.
Hay detalles de realización que me parecen una auténtica locura… la manera en que una escena pasa de lo que sucede ante la cámara a lo que después vemos reproducido en una pantalla, o ese instante en el que la luz entra en un camerino y cambia por completo la imagen, son ejemplos de una precisión visual que se disfruta especialmente cuando una se deja llevar por la película. Después de terminar de verla, salgo con la sensación de haber visto a un director explorar las posibilidades del lenguaje cinematográfico con una libertad y una seguridad admirables.
El ser querido es una película exigente, de diálogos largos y emociones contenidas. Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña firman una historia en la que las heridas familiares se mezclan con las dificultades de crear, interpretar y enfrentarse a la propia verdad. Porque la película también nos habla de los papeles que representamos ante los demás, de las versiones de nosotros mismos que hemos aprendido a sostener y de lo difícil que resulta dejar de actuar cuando llega el momento de enfrentarnos a lo que realmente somos.
Me parece una propuesta que nos muestra que el cine no consiste únicamente en contar una buena historia, sino en encontrar una manera propia de hacerlo ya que dos películas pueden partir de ideas parecidas pero lo que termina marcando la diferencia es la mirada de quien se coloca detrás de la cámara… y Sorogoyen tiene una mirada propia, una que sabe mantenerte dentro de la historia hasta el último momento y que convierte los silencios en palabras.
Al final, cuando las luces de la sala se encienden y los formatos de imagen dejan de mutar en la pantalla, nos queda la certeza de haber habitado un espacio donde el cine se piensa a sí mismo. El ser querido es ese instante en que la luz entra en el camerino de nuestra propia vida… un fogonazo que desnuda nuestras ficciones familiares y nos obliga a apagar el proyector, a bajarnos del escenario y a mirarnos sin ningún guion de por medio.