lunes, 22 de junio de 2026

Luces de la ciudad





Título original: City Lights
Año: 2025
Duración: 1931 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Charles Chaplin
Guion: Charles Chaplin
Música: Charles Chaplin
Fotografía: Roland Totheroh y Gordon Pollock
Reparto:
Charles Chaplin, Virginia Cherrill, Florence Lee, Harry Myers, Allan Garcia, Hank Mann, Henry Bergman...


Charlot (Charles Chaplin), es un bondadoso vagabundo que se enamora perdidamente de una joven florista ciega (Virginia Cherrill). Ella lo confunde con un hombre millonario debido a un malentendido con la puerta de un coche de lujo.

Paralelamente, el vagabundo salva la vida de un excéntrico millonario alcohólico (Harry Myers) que intentaba suicidarse. Este millonario se convierte en su mejor amigo cada vez que está borracho, pero lo echa a la calle y no lo reconoce en cuanto recupera la sobriedad.


Decidido a pagar una costosa operación médica para devolverle la vista a la florista y evitar que sea desahuciada con su abuela (Florence Lee), el vagabundo acepta todo tipo de trabajos, incluyendo un caótico combate de boxeo profesional.





La magia de Luces de la ciudad reside en algo que muy pocas películas consiguen... hacerme sonreír y emocionarme con la misma facilidad, pero detrás de las risas hay una mirada profundamente humana. La historia transcurre en una gran ciudad norteamericana golpeada por la crisis económica de principios de los años treinta. El desempleo, la pobreza y la desesperanza forman parte del paisaje cotidiano. En medio de ese escenario, un hombre sin recursos se enamora de una joven ciega y hace todo lo posible por conseguir el dinero que permita devolverle la vista. La generosidad con la que actúa, sin esperar nada a cambio, convierte la película en una preciosa historia sobre el amor desinteresado y sobre la capacidad de sacrificarse por otra persona.
He de reconocer que siempre me ha fascinado que Chaplin decidiera seguir confiando en el cine mudo cuando las películas sonoras ya habían llegado para quedarse. En este caso, tardó dos años en sacar adelante este proyecto sin apenas diálogos y, sin embargo, cada emoción te llega profundamente... siento que Chaplin realiza una declaración de amor a un lenguaje cinematográfico que muchos consideraban acabado.
La banda sonora, compuesta por el propio Chaplin, me fascina y quizás haya que detenerse en el tema de "The Flower Girl / La violetera", pero me temo que ello se merece una dedicatoria completa y especial, a esta maravillosa composición del maestro José Padilla en 1914, el cual denunció a Chaplin por carecer de los derechos de la canción... pleito que ganó el compositor español.
Me sigue maravillando el personaje de Charlot... su manera de caminar y esa mezcla de ingenuidad y nobleza que hacen que resulte imposible no quererlo.
Y que puedo decir del final de la película... uno de los más hermosos que ha dado el cine, y que por muchas veces que la vea, sigue emocionándome. Ahí está condensado todo lo que Chaplin sabía hacer... mezclar la comedia con el drama, la realidad con la poesía y la tristeza con la esperanza.
Luces de la ciudad demuestra que la grandeza del cine puede nacer de una historia sencilla... es una de esas películas que nunca envejecen y que, cada vez que regresan a mi vida, me recuerdan por qué amo tanto el cine.





domingo, 21 de junio de 2026

La teta asustada





Año: 2009
Duración: 94 min.
País: Perú
Dirección: Claudia Llosa
Guion: Claudia Llosa
Música: Selma Mutal
Fotografía: Natasha Braier
Reparto:
Magaly Solier, Susi Sánchez, Antolín Prieto...


Fausta (Magaly Solier), es una joven que padece un mal místico y atávico que se llama "la teta asustada". Según las creencias de las comunidades andinas, esta "enfermedad" se transmite a través de la leche materna de mujeres que fueron violadas o maltratadas durante la época del terrorismo y el conflicto armado en el Perú.


La creencia popular sostiene que quienes nacen infectados por este miedo nacen sin alma, lo que condena a Fausta a vivir en un estado de terror absoluto y constante aislamiento. Para proteger su propia intimidad frente al pánico obsesivo que le tiene a los hombres y a sufrir una agresión sexual, Fausta oculta un impactante secreto: se ha introducido una patata en la vagina a modo de escudo protector.


Tras la súbita muerte de su madre, Fausta se ve obligada a afrontar el mundo exterior por sí misma para cumplir el último deseo de su progenitora: conseguir el dinero necesario para llevar su cuerpo de regreso a su pueblo natal y darle un entierro digno.


Para lograrlo, la protagonista empieza a trabajar como empleada doméstica en la residencia de Aída (Susi Sánchez), una refinada concertista de piano de clase alta en Lima.




Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival Internacional de Berlín 2009
FIPRESCI - Premio Internacional de la Crítica en el Festival Internacional de Berlín 2009


Premio Coral a la Mejor Película en el Festival del Nuevo Cine Iberoamericano de La Habana 2009


Premios APRECI 2009 a la Mejor Película




La película se convierte en el eje de una historia que habla de heridas que pasan de una generación a otra y de un miedo que se instala en el cuerpo y en el alma... la directora peruana ha explicado en varias ocasiones que su intención era mantener viva la memoria de las víctimas que sufrieron la violencia que sacudió Perú durante los años ochenta y noventa, tanto por parte de los grupos armados como de las fuerzas del Estado y con esta intención se nos presenta desde el primer momento este significado para poder adentrarnos en la historia.
Magaly Solier sostiene prácticamente toda la película con una interpretación contenida... interpretando a una mujer atrapada por los temores heredados, alguien que vive encerrada en sí misma, con una tristeza permanente y una fragilidad que apenas deja espacio para mostrar emociones más evidentes.
La historia avanza despacio, casi al ritmo pausado de las canciones que entona la protagonista y esa lentitud hace que todo tenga un aire muy áspero y seco... como esos caminos polvorientos que recorren los personajes. Sin embargo, también me ha provocado que en algunos momentos la narración resulte demasiado uniforme y líneal.
Lo que sin duda es incuestionable es la belleza de las imágenes... hay algo poético en la manera en que Claudia Llosa retrata los barrios humildes y las casas levantadas en las laderas... ese mosaico de tejados de colores, las calles de tierra, las personas que continúan adelante pese a las dificultades y una vida marcada por la pobreza, pero también por pequeños instantes de alegría y dignidad.
La fotografía posee una enorme sensibilidad y convierte escenas sencillas en imágenes llenas de lirismo. A eso se suma el magnífico trabajo musical de Selma Mutal... la música y las canciones tienen un peso muy importante y contribuyen a crear ese universo tan particular que respira la película.
Quizá donde más dudas me ha dejado ha sido en la capacidad de trasladarme ese miedo que constituye el centro del relato. Aun así, La teta asustada posee una personalidad propia y una mirada poco común, y quizá, entre tanta tristeza y tanta dureza, también deja espacio para una pequeña melodía de esperanza que asoma tímidamente al final.
La película me genera ciertos sentimientos encontrados... en un principio, vuelvo a decir que la trama me pareció sumamente prometedora al partir de un tema que a mí, personalmente, siempre me interesa: las represiones, el terrorismo de Estado y las dictaduras en ciertos rincones del mundo, centrándose en este caso en la historia de Perú, sin embargo, tras esos primeros cinco minutos tan potentes, la propuesta pasa a convertirse en una película muy lineal y plana. Creo que la directora podría haber exprimido muchísimo más tanto el potente eje político y social del que parte, como ese "realismo mágico un poco particular" que rodea a la protagonista y respecto a la actuación de Magaly Solier, es cierto que su interpretación no me transmite ningún tipo de emoción, aunque no obstante, quizás este vacío sea deliberado y responda a esa misma leyenda que da título a la película, según la cual los hijos nacidos de mujeres violadas nacen con "la teta asustada" y carecen de alma. Donde tengo claro, muy claro, clarísimo, que la película no deja espacio a la duda es en su apartado técnico, destacando una vez más la fabulosa fotografía y su banda sonora que, para mí, son sin duda lo mejor de toda la película y son precisamente estos elementos visuales y sonoros los que realmente creo que logran insuflar vida y lirismo a un relato que, a pesar de sus flaquezas narrativas, se despide dejándonos una pequeña pero bellísima melodía de esperanza.





domingo, 14 de junio de 2026

En el borde del mundo






Título original: Au bord du monde
Año: 2024
Duración: 105 min.
País: Bélgica
Dirección: Sophie Muselle y Guérin van de Vorst
Guion: Sophie Muselle y Guérin van de Vorst
Fotografía: Fiona Braillon
Reparto:
Mara Taquin, Sasha Deprez, Nathalie Richard, Tijmen Govaerts...


Alexia (Mara Taquin), es una joven enfermera de 25 años, de carácter fuerte, profundamente idealista y con un trasfondo de gran fragilidad, que llega a realizar sus prácticas profesionales al pabellón cerrado de un hospital psiquiátrico.


Allí es recibida por Joëlle (Nathalie Richard), la veterana enfermera jefe, quien se encarga de enseñarle los complejos engranajes del oficio.
La rutina de Alexia cambia por completo cuando conoce a Mila (Sasha Deprez), una paciente de 20 años consumida por la ira y firmemente convencida de que su internamiento es un error y no pertenece a ese lugar.


Conmovida por su sufrimiento e ignorando las estrictas advertencias de Joëlle sobre la necesidad de mantener una distancia profesional terapéutica con los internos, Alexia cruza los límites éticos para acercarse a ella. Así, vuelca toda su energía y obsesión en un arriesgado intento por sacarla de allí, difuminando peligrosamente las líneas entre la ayuda, el compromiso personal y la contención institucional.




Premio a la Mejor Película en el Festival de Mar del Plata 2024
Premio a la Mejor Interpretación para Mara Taquin en el Festival de Mar del Plata 2024




En el borde del mundo es una película que se adentra en las grietas de un sistema lleno de limitaciones, contradicciones y personas que intentan hacer lo mejor que pueden en circunstancias muy difíciles.
La historia nos presenta a Alexia, una joven enfermera que llega llena de entusiasmo a una unidad psiquiátrica... allí conoce a Beline, una paciente de apenas veinte años que vive atrapada entre la rabia, el sufrimiento y una enorme fragilidad emocional. Desde el primer momento surge entre ambas una conexión especial que va creciendo poco a poco, hasta el punto de que Alexia comienza a involucrarse más de lo que debería.
Me ha gustado como sus directores observan y nos muestran la humanidad de todos sus personajes... personas cargadas de miedos, heridas, dudas y contradicciones.
La película nos hace plantearnos, si no lo habíamos hecho ya, muchas preguntas sobre la importancia del cuidado y la atención de la salud mental... ¿Cuánto hay de enfermedad y cuánto de abandono, incomprensión o soledad?
Otro aspecto interesante es cómo muestra el delicado equilibrio que deben mantener quienes trabajan en la salud mental... la empatía resulta imprescindible, pero también puede convertirse en un problema cuando la implicación emocional cruza ciertos límites.
Sophie Muselle y Guérin van de Vorst construyen una historia bastante contenida pero sensible... y lejos de los excesos dramáticos, prefieren acercarse a los personajes con respeto, permitiendo que sean sus silencios y emociones los que hablen por sí mismos.
En el borde del mundo es un retrato sobre la salud mental, pero también sobre la empatía, los prejuicios y las carencias de un sistema que a menudo está desbordado. Una película que encuentra pequeños destellos de luz en medio de la oscuridad y que recuerda que detrás de cada diagnóstico hay una persona que necesita ser escuchada, comprendida y tratada con dignidad.
Una película que nos muestra como el acto más revolucionario y humano en una sociedad desbordada no es intentar salvar a los demás de sus propias tormentas, sino tener la valentía de quedarnos a su lado, bajo la lluvia, sosteniendo el paraguas de la dignidad, porque en este mundo desbordado, todos estamos a un solo paso, a una sola mala racha o a un solo golpe de soledad, de terminar habitando el borde del mundo.