
Título original: The Wire
Año: 2002 - 2008
Temporadas: 5 temporadas (60 episodios)
País: Estados Unidos
Dirección: David Simon (Creador), Joe Chappelle, Ernest R. Dickerson, Clark Johnson, Ed Bianchi, Steve Shill, Daniel Attias, Timothy Van Patten, Agnieszka Holland, Brad Anderson, Clement Virgo, Rob Bailey, Elodie Keene, Christine Moore, Alex Zakrzewski, Anthony Hemingway, Seith Mann, Milcho Manchevski, Peter Medak, Gloria Muzio, Robert F. Colesberry, Thomas J. Wright, Leslie Libman, Jim McKay, David Platt, Joy Kecken, Scott Kecken y Dominic West Guion: David Simon, Ed Burns, Joy Kecken, Rafael Álvarez, Chris Collins, George Pelecanos, Richard Price, Dennis Lehane, David Mills, William F. Zorzi y Eric Overmyer
Fotografía: Uta Briesewitz, Russell Lee Fine, David Insley y Eagle Egilsson Reparto:
Dominic West, Lance Reddick, Sonja Sohn, Clarke Peters, Aidan Gillen, Wendell Pierce, Andre Royo, Idris Elba, Michael K. Williams, Peter Gerety, Frankie Faison, Domenick Lombardozzi, Seth Gilliam, Wood Harris, Jamie Hector...

Serie que ofrece un retrato crudo, realista y coral de la ciudad de Baltimore, Maryland. A través de la perspectiva del tráfico de drogas y de las intervenciones telefónicas policiales, la ficción funciona como una profunda disección de las instituciones urbanas y sus dinámicas de corrupción. La trama demuestra de forma sistemática cómo las estructuras de poder burocráticas, económicas y políticas perpetúan la marginalidad y destruyen los esfuerzos individuales de los personajes a ambos lados de la ley.
La primera temporada arranca cuando el detective Jimmy McNulty (Dominic West) elude la cadena de mando para alertar a un juez sobre la impunidad de la organización de narcotraficantes liderada por Avon Barksdale (Wood Harris) y su astuto segundo al mando, Stringer Bell (Idris Elba).
Para acallar las presiones políticas, el departamento de policía crea una unidad especial de investigación del caso de gran alcance que se centra en el complejo juego del gato y el ratón en las esquinas de los suburbios de Baltimore, utilizando sofisticadas escuchas e intervenciones telefónicas para desmantelar un imperio criminal fuertemente arraigado.
En la segunda temporada, la serie expande su universo trasladando el foco de atención hacia los muelles y los sindicatos del puerto de Baltimore, siguiendo al líder sindical Frank Sobotka, quien recurre al contrabando de contenedores controlados por mafias de Europa del Este en un intento desesperado por financiar su debilitado sindicato y salvar el estilo de vida obrero frente a la desindustrialización.
McNulty y el equipo de escuchas vuelven a reunirse tras el trágico descubrimiento de un contenedor con los cuerpos de trece mujeres migrantes asfixiadas.
La tercera temporada gira en torno al Ayuntamiento, las ambiciones del joven concejal blanco Tommy Carcetti (Aidan Gillen) y las reformas dentro de la cúpula policial.
Ante la asfixiante presión por reducir las tasas de criminalidad, el comandante de distrito Howard "Bunny" Colvin implementa en secreto un experimento radical y audaz: legalizar de facto el tráfico de drogas en tres zonas controladas y aisladas de la ciudad (apodadas "Hamsterdam") para limpiar las calles residenciales.
Mientras tanto, los Barksdale se enfrentan en una sangrienta guerra territorial contra una nueva facción liderada por el despiadado Marlo Stanfield.
La cuarta temporada aborda el fallido sistema escolar público. A través de la experiencia del expolicía Roland "Prez" Pryzbylewski como profesor de matemáticas en secundaria, la temporada examina de cerca las vidas de cuatro jóvenes estudiantes de los suburbios e ilustra el viaje trágico e inevitable de los menores hacia las esquinas del narcotráfico mientras la burocracia escolar se enfoca en las estadísticas de exámenes estatales en lugar del cuidado humano.
La quinta y última temporada introduce la institución del periodismo tradicional mediante las redacciones del diario local The Baltimore Sun, mostrando cómo la crisis del papel, los despidos masivos y la búsqueda de titulares sensacionalistas deterioran la capacidad de denunciar la verdadera corrupción de la ciudad.
McNulty, desesperado por conseguir financiación presupuestaria para seguir el rastro de la escurridiza banda de Marlo Stanfield (Jamie Hector), fabrica la mentira de la existencia de un asesino en serie ficticio, uniendo todas las líneas narrativas de la serie hacia un desenlace amargo y cíclico.
Premio del Sindicato de Guionistas (WGA) 2008 al Mejor Guion en Serie Dramática
Premio Hereditario de la TCA - Asociación de Críticos de Televisión 2008
Premio a la Mejor dirección en Serie de TV - Drama para Daniel Attias (Episodio: "Transitions") por Directors Guild of America (DGA) 2008
Se ha cruzado en mi camino The Wire (Bajo escucha), una serie que va mucho más allá de las investigaciones policiales y que para mí se ha convertido en un retrato desolador de nuestra sociedad.
Su creador, David Simon, trabajó durante trece años como periodista de sucesos en The Baltimore Sun, mientras que Ed Burns había sido detective de homicidios y también profesor. Sus experiencias se reflejan en las tramas, en los personajes, en la manera de hablar y en los pequeños detalles que dan vida a la serie.
En esta serie no hay héroes perfectos ni villanos en el sentido más literal de la palabra. Los policías mienten, beben, se equivocan y persiguen sus propios intereses, los delincuentes pueden mostrar una lealtad que convive con la violencia y las drogas con vidas destrozadas, los políticos se preocupan más por conservar sus puestos que por solucionar los problemas y las instituciones terminan protegiéndose unicamente a sí mismas… nadie sale bien de este retrato.
Las investigaciones se atascan, los recursos no llegan, los intereses políticos se imponen y la burocracia termina convirtiéndose en una forma de ver el fracaso.
La serie tiene un ritmo lento pero también lleno de tensión ya que prefiere construir sus historias despacio, dejando que las relaciones entre los protagonistas evolucionen a su ritmo, y puede que ello, a algunas personas les pueda llegar a aburrir, porque de alguna manera nos exige prestar atención a lo que estamos viendo, sobre todo al principio, cuando todavía estamos intentando entender quién es quién y cómo funciona cada pieza de ese enorme rompecabezas… pero precisamente ahí está parte de su grandeza.
En The Wire hay que mirar y escuchar… tenemos que prestar atención a los detalles y descubrir poco a poco las conexiones y esa manera de contar las cosas hace que nos impliquemos de verdad, ya que no somos simples espectadores esperando a que alguien resuelva el caso por nosotros… participamos en la reconstrucción de una realidad que se nos presenta fragmentada, confusa y llena de contradicciones y cuando empiezas a reconocer a sus personajes, resulta difícil abandonarlos.
Hay algunos personajes que te despiertan admiración, otras que te provocan rabia y algunos que consiguen que cambies de opinión varias veces a lo largo de sus temporadas… los hay carismáticos, miserables, inteligentes, ingenuos y profundamente contradictorios. Incluso quienes cometen actos imperdonables tienen una historia detrás, aunque conocerla no signifique justificar lo que hacen ya que la serie no nos pide que perdonemos a nadie, sino que intentemos comprender cómo ha llegado cada cual hasta donde está.
A lo largo de sus cinco temporadas, The Wire va ampliando su mirada sin perder de vista el corazón de la historia. La policía y el narcotráfico son el punto de partida, pero la serie acaba hablando de la educación, del poder, del trabajo, de la prensa y de la manera en que una ciudad trata a quienes viven en sus barrios más desfavorecidos.
Al terminar cada temporada me queda una sensación de cansancio y desencanto… no porque la serie carezca de humanidad, sino precisamente porque nos permite verla incluso en los lugares donde parece más difícil encontrarla. Hay amistad, lealtad, afecto y personas que intentan hacer las cosas bien, pero sus esfuerzos chocan una y otra vez contra estructuras difíciles de hacerlas tambalear, por eso para mí, The Wire se parece más a una gran tragedia sobre la condición humana que a una serie policial convencional.
La ambientación, las interpretaciones, la complejidad de las historias y la manera en que cada personaje encuentra su lugar dentro del conjunto hacen de The Wire una serie extraordinaria que puede resultar dura, incómoda y en ocasiones desesperanzadora… pero nunca te dejará indiferente y para mí, su grandeza está precisamente ahí, en su capacidad para convertir una historia sobre policías y delincuentes en un retrato de la condición humana.
Cuando llega el final de la última temporada, Baltimore deja de ser un mero escenario para convertirse en el reflejo universal de nuestras propias jaulas invisibles. David Simon y Ed Burns no nos entregan una serie de televisión, sino una autopsia institucional en cinco actos donde el plano medio sustituye al juicio moral. The Wire funciona como el reverso tenebroso del sueño americano… una tragedia clásica donde las esquinas de los suburbios y los despachos del ayuntamiento comparten el mismo aire viciado. Me queda la desoladora certeza cinéfila de que en este rompecabezas colosal nadie gana el juego… los nombres en la pizarra cambian, pero las estructuras permanecen inmóviles y el verdadero misterio no era descubrir quién cometió el crimen, sino comprender cómo permitimos que la maquinaria urbana nos devore la humanidad plano a plano.