miércoles, 10 de junio de 2026

El infierno






Título original: L'Inferno (Dante's Inferno)
Año: 1911
Duración: 70 min.
País: Italia
Dirección: Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan
Fotografía: Emilio Roncarolo
Reparto:
Salvatore Anzelmo Papa, Arturo Pirovano, Giuseppe de Liguoro, Augusto Milla...



La trama narra el viaje alegórico del poeta Dante (Salvatore Anzelmo Papa) a través de los nueve círculos del infierno. Tras perderse en un bosque oscuro y ser acechado por tres bestias, su amada Beatriz envía al poeta clásico Virgilio (Arturo Pirovano) para rescatarlo y guiarlo en un descenso al inframundo.


A lo largo de su travesía, Dante contempla los crueles castigos eternos asignados a cada pecado capital y se encuentra con diversas figuras históricas y mitológicas (como Cleopatra, el conde Ugolino o heresiarcas atrapados en tumbas de fuego).
El perturbador recorrido visual culmina en el epicentro congelado del abismo, donde ambos poetas se enfrentan cara a cara con el mismísimo Lucifer devorando a los grandes traidores de la historia.




Es soprendente, como hay películas que, más de un siglo después de su estreno, siguen provocando asombro... al menos a mí, y justo esto es lo que me ha ocurrido con la película El infierno dirigida por Giuseppe de Liguoro, Francesco Bertolini y Adolfo Padovan. No sólo estamos ante el primer largometraje de la historia del cine italiano, sino también ante una obra que permite viajar a los auténticos orígenes de este arte, cuando todo estaba todavía por inventarse.
Basada en la primera parte de La Divina Comedia de Dante Alighieri e inspirada en las ilustraciones de Gustave Doré, la película nos conduce por el descenso de Dante a los dominios infernales acompañado por Virgilio. Juntos atraviesan diferentes círculos poblados por almas condenadas que sufren castigos relacionados con sus pecados. Asesinos, hipócritas, violentos, traidores y otros personajes desfilan por un universo oscuro y extraño que conserva intacta gran parte de su capacidad para fascinar.
Una de las cosas que más me ha impresionado ha sido la enorme imaginación visual que desprende cada escena... cada decorado, cada truco visual y cada composición contribuyen a construir una atmósfera de pesadilla que parece surgir directamente de un sueño y esa apariencia primitiva, incluso ingenua en algunos momentos, le otorga una personalidad única.
La película estaba formada originalmente por cincuenta y cuatro rollos y supera la hora de duración, algo verdaderamente sorprendente para su época.
La versión restaurada incorpora una banda sonora compuesta por el grupo Tangerine Dream. Personalmente, no terminé de conectar con ella porque me parece que en lugar de reforzar la experiencia, en algunos momentos restaba fuerza a la atmósfera original.
Más de cien años después, esta pequeña joya italiana continúa invitando a soñar, a maravillarse y a recorrer rincones oscuros que parecen nacidos de una pesadilla y quizá ahí resida precisamente su magia... en demostrar que, incluso cuando el cine apenas empezaba a caminar, ya era capaz de transportarnos a lugares imposibles.
Un testimonio eterno de que el cine, desde su más tierna infancia, ya poseía las llaves del inframundo y el poder de dar forma a nuestras pesadillas más profundas. Los pioneros italianos no solo tradujeron la inmortal palabra de Dante, sino que demostraron que el celuloide es el verdadero espejo del subconsciente.




sábado, 6 de junio de 2026

Doce hombres sin piedad





Título original: 12 Angry Men
Año: 1957
Duración: 95 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Sidney Lumet
Guion: Reginald Rose
Música: Kenyon Hopkins
Fotografía: Boris Kaufman
Reparto:
Henry Fonda, Lee J. Cobb, Jack Warden, E.G. Marshall, Martin Balsam, Ed Begley, John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, George Voskovec, Joseph Sweeney, Edward Binns, Rudy Bond...


Ambientado en una claustrofóbica sala de deliberaciones, doce miembros de un jurado deben decidir por unanimidad si condenan a muerte a un joven acusado de asesinar a su padre. Al inicio, once de ellos votan "culpable" para acabar rápido, pero el jurado número 8 (Henry Fonda) vota "inocente", exigiendo un debate serio al albergar una duda razonable sobre las pruebas.


A través de una discusión milimétrica, este único hombre va desmontando los testimonios de la acusación, obligando al resto a enfrentarse a sus propios prejuicios raciales, traumas y contradicciones.




BAFTA 1958 al Mejor Actor Extranjero para Henry Fonda
Oso de Oro 1957 a la Mejor Película en el Festival Internacional de Berlín
Premio OCIC en el Festival Internacional de Berlín 1957
Premio del Sindicato de Guionistas (WGA) 1958 al Mejor Guion de Drama




Doce hombres sin piedad, dirigida por Sidney Lumet, es una extraordinaria película que nos cuenta la historia, que transcurre prácticamente toda en una única sala, donde doce miembros de un jurado deben decidir si un joven acusado de matar a su padre es culpable o inocente... si el veredicto es de culpabilidad, la condena será la pena de muerte.
Desde el primer momento parece que la decisión está tomada... once hombres quieren votar culpable y terminar cuanto antes, sin embargo, el jurado número 8 se niega a dar por cerrado el asunto. No asegura que el acusado sea inocente, pero sí cree que existe una duda razonable que merece ser discutida y a partir de ese instante comienza un intenso intercambio de opiniones que poco a poco va cambiando el rumbo de la deliberación.
Una de las cosas que hace grande a esta película es que todo lo que sabemos llega a través de las palabras de los personajes, y aun así... la historia resulta absorbente. Cada detalle que sale a la luz te obliga a replantearte lo que parecía evidente, y al final, acabas sintiéndote una integrante más de ese jurado, analizando cada argumento y cuestionando cada prueba.
Además de plantear un interesante debate sobre la justicia, a medida que avanza la discusión, salen a la superficie prejuicios, resentimientos, miedos y experiencias personales que influyen en la forma de juzgar a los demás.
Resulta admirable comprobar cómo Sidney Lumet logra tanto con recursos tan sencillos... su puesta en escena demuestra que una gran película no depende del presupuesto, sino de una buena historia y de saber contarla.
Casi siete décadas después de su estreno, sigue conservando toda su fuerza y continúa siendo una referencia imprescindible dentro del cine judicial. Para mí, es una de las películas que deberían verse al menos una vez en la vida... o dos.... o tres... o las que te apetezca, ya que me parece una lección magistral sobre cómo contar una historia y, al mismo tiempo, una mirada crítica sobre la sociedad y la justicia.
Lumet convierte su ópera prima en un prodigio cinematográfico con solo doce sillas, una bombilla desnuda y la inmensa valentía de un hombre dispuesto a encender la luz en mitad de la sombra.




viernes, 5 de junio de 2026

El extranjero






Título original: L'Étranger
Año: 2025
Duración: 122 min.
País: Francia
Dirección: François Ozon
Guion: François Ozon
Música: Fatima Al Qadiri
Fotografía: Manuel Dacosse
Reparto:
Benjamin Voisin, Rebecca Marder, Pierre Lottin, Denis Lavant, Swann Arlaud, Christophe Malavoy, Jean-Charles ClichetJean-Benoît UgeuxMar Sodupe...


Meursault (Benjamin Voisin), es un hombre dominado por una profunda apatía y desapego emocional hacia la vida, cuya indiferencia escandaliza a la sociedad desde el momento en que no derrama una sola lágrima en el entierro de su madre.

La historia da un vuelco trágico cuando, cegado por el sol sofocante de una playa, Meursault asesina a un hombre árabe sin motivo aparente. Durante el posterior proceso judicial, el sistema y la fiscalía no lo juzgan tanto por el crimen cometido, sino por su falta de remordimiento y su nula moralidad social, convirtiendo el juicio en una implacable condena a su honestidad brutal y a su incapacidad para fingir sentimientos ante un mundo absurdo.




Premio César 2026 al Mejor Actor Secundario para Pierre Lottin




La adaptación que François Ozon realiza de El extranjero se enfrenta a un desafío enorme... trasladar a la pantalla la novela de Albert Camus con todo lo que ello implica, y aunque, es cierto que el director francés aborda el proyecto con respeto, el resultado no me ha terminado de convencer.
La película nos cuenta la historia de Meursault, un hombre incapaz de relacionarse con el mundo según las normas emocionales que la sociedad considera aceptables. Todo cambia cuando, en una playa abrasada por el sol, acaba matando a un hombre en un acto tan desconcertante como difícil de explicar. A partir de ahí, el relato se convierte en el retrato de una sociedad que parece más escandalizada por la ausencia de emociones visibles que por el propio asesinato.
Ozon recrea con mucho cuidado el ambiente de la Argelia colonial, se percibe el esfuerzo por respetar el espíritu de la obra de Albert Camus y por mantener intacta su esencia, sin embargo, esa fidelidad también acaba siendo una de las principales limitaciones de la película ya que la narración reproduce con bastante precisión los hechos de la novela, pero le cuesta encontrar una manera cinematográfica de transmitir la complejidad interior de Meursault.
Benjamin Voisin compone un protagonista contenido y enigmático, un personaje difícil de interpretar porque gran parte de lo que siente —o de lo que no siente— permanece oculto... pero, al menos para mí, quienes terminan destacando son algunos de los secundarios, entre ellos especialmente Pierre Lottin.
Si hay un apartado que destaca por encima de todo lo demás es el visual... la luz, las sombras y la quietud de muchos planos crean una belleza indiscutible. Sin embargo, aunque la película respeta la obra original y luce impecable en la parte visual, rara vez consigue trascender esa condición de adaptación fiel y no aporta una mirada nueva ni profundiza de una forma distinta en los temas que plantea la novela.
Aun con esas reservas, agradezco que una obra como El extranjero vuelva a encontrar espacio en el cine actual. Siento que esta versión nos deja ante un lienzo de indiscutible belleza pero desprovisto del alma que late en el papel... impecable por fuera, pero frío e inaccesible a las emociones.