Título original: Mest kinematograficheskogo operatora (Cameraman's Revenge)
Año: 1912
Duración: 12 min.
País: Rusia
Dirección: Wladyslaw Starewicz
Guion: Wladyslaw Starewicz
Año: 1912
Duración: 12 min.
País: Rusia
Dirección: Wladyslaw Starewicz
Guion: Wladyslaw Starewicz
Música: Roger White
El Señor Escarabajo, aburrido de su matrimonio, viaja con frecuencia a la ciudad con la excusa de atender sus negocios, aunque en realidad aprovecha para frecuentar un cabaret y encontrarse con su amante, la Señorita Libélula.
En dicho lugar, el escarabajo se enzarza en una pelea contra el Señor Grillo —el pretendiente rechazado de la libélula— y logra expulsarlo bruscamente. Lo que el Señor Escarabajo ignora es que el grillo es en realidad un astuto operador de cámara de cine.
Herido en su orgullo y movido por el rencor, el camarógrafo persigue en secreto a los amantes y los filma a través del ojo de una cerradura en un hotel, capturando pruebas irrefutables de su romance clandestino. Mientras esto sucede, la Señora Escarabajo también comete su propia infidelidad en casa al recibir las visitas amorosas de un amante, el Señor Saltamontes.
El clímax y "la venganza" ocurren cuando el Señor Escarabajo regresa al hogar y, tratando de reconciliarse con su esposa, la invita a una función en el teatro local. Para su absoluto horror, la película proyectada en la gran pantalla por el grillo es el metraje de su propia aventura amorosa, desatando el caos absoluto en la sala de cine.
La venganza del cámara de cine de Władysław Starewicz, me ha parecido una auténtica maravilla que no solo sorprende por su creatividad, sino también por la enorme paciencia y el ingenio que hay detrás de cada uno de sus fotogramas.
Me ha fascinado conocer cómo consiguió dar vida a sus personajes... Starewicz utilizó insectos reales disecados, convirtiéndolos en pequeñas figuras articuladas. Sustituyó sus patas por finos alambres y modificó sus cuerpos con otros materiales para poder moverlos poco a poco delante de la cámara. Sabiendo que anteriormente había dirigido un museo de historia natural en Lituania y que incluso había filmado documentales sobre insectos antes de trasladarse a Moscú para trabajar en el cine, resulta evidente que supo unir sus conocimientos con una imaginación desbordante. Gracias a esa combinación nació una forma de hacer animación que marcaría el camino del stop-motion tal y como hoy lo conocemos.
La historia, aunque pueda parecer sencilla, tiene bastante más fondo de lo que aparenta... un matrimonio de escarabajos tiene una relación que se tambalea por culpa de una libélula, mientras un saltamontes que trabaja como cámara acaba teniendo un papel decisivo en el desenlace.
En varios momentos del corto me da la sensación de que el cine se convierte en un testigo silencioso que observa aquello que los personajes creen que nadie está viendo, incluso espiando a través de una cerradura (maravillosa la escena de la cerradura).
Es mucho más que una curiosidad histórica o una pionera pieza de museo... es una declaración de amor a las infinitas posibilidades del nacimiento del séptimo arte. Władysław Starewicz no solo obró el milagro de insuflar una expresividad asombrosa a la rigidez de la muerte, sino que convirtió a sus diminutos escarabajos en el espejo perfecto de las vanidades, secretos e hipocresías de la condición humana. Más de un siglo después, ver estas pequeñas criaturas cobrar vida fotograma a fotograma nos conecta con la magia más pura e ingenua de los orígenes de la animación, y nos demuestra que el verdadero genio no reside en la sofisticación de la tecnología actual, sino en la inmensidad de una mirada capaz de desafiar al tiempo y a la propia naturaleza desde la mesa de un taller.















