sábado, 17 de octubre de 2026

Amarga Navidad





Año: 2026
Duración: 111 min.
País: España
Dirección: Pedro Almodóvar
Guion: Pedro Almodóvar
Fotografía: Pau Esteve Birba
Reparto:



La película narra la alternancia de dos historias conectadas por el arte de la creación. La primera se sitúa en el año 2004 durante el puente de diciembre y sigue a Elsa (Bárbara Lennie), una exitosa directora de publicidad que, tras perder a su madre durante las fiestas, intenta esquivar el luto sumergiéndose de forma obsesiva en el trabajo.


Tras sufrir un colapso en forma de ataque de pánico, se ve obligada a detener su rutina y viaja a Lanzarote junto a su amiga Patricia (Victoria Luengo) para buscar nuevas perspectivas.

La segunda historia ocurre en paralelo entre los años 2025 y 2026, protagonizada por Raúl (Leonardo Sbaraglia), un reputado guionista y director cinematográfico sumido en una profunda sequía creativa.


Raúl recurre a la autoficción escribiendo un guion basado precisamente en las vivencias de Elsa, desdibujando las fronteras entre la realidad, la inspiración de su propio entorno y la ficción cinematográfica.




Despues de terminar de ver Amarga Navidad siento que me encuentro ante una película visualmente muy atractiva, con una dirección artística preciosa y ese universo de colores y personajes tan reconocible en el cine de Pedro Almodçovar, pero a la que le falta algo fundamental para mí… emoción.
La película nos presenta a Elsa, una directora de publicidad que tras perder a su madre intenta escapar del dolor refugiándose en el trabajo. Pero el cuerpo termina pasando factura y la ansiedad acaba abriéndose camino. En medio de ese proceso aparecen la amistad, la necesidad de huir, la posibilidad de encontrar refugio en otra persona y esa dificultad que tenemos tantas veces para enfrentarnos a lo que nos duele de verdad y afrontar ese dolor.
Sobre el papel, había material suficiente para construir una buena historia a través de la pérdida, el duelo y las distintas maneras de intentar seguir adelante ya que son temas que pueden llegarte a lo más hondo de nuestras emociones, sin embargo siento que la película se queda a medio camino ya que las situaciones que nos presenta no terminan de transmitir la fuerza que necesitan y aparecen y desaparecen sin dejar demasiada huella emocional y me cuesta conectar con los personajes. Es más, en algunos momentos me he sentido muy identifacad con lo que estaba pasando y aú así, siendo consciente que ese momento debería desgarrarme el alma… no he sentido nada.
Almodóvar introduce además en la película otra historia, en este caso alrededor de Raúl, un director que busca inspiración en su propia vida y en las personas que lo rodean para escribir. A partir de ahí, la película juega con las fronteras entre realidad y ficción, mezclando lo que sucede delante de nosotros con aquello que nace de la imaginación de quien escribe y aunque es una propuesta que podría haber dado mucho de sí, especialmente por todo lo que plantea sobre la creación artística, la experiencia personal y la tentación de convertir la vida de los demás en material para una historia… sin embargo, a mí ese juego de espejos me acaba alejando, porque hay tantos caminos, tantas capas y tantas reflexiones sobre el propio acto de crear que echo en falta una historia que respire verdad.
Lo que más me ha gustado es, sin duda, su apartado visual. La dirección artística es preciosa y demuestra que Almodóvar sigue teniendo una capacidad extraordinaria para construir espacios y combinar colores. También el reparto cuenta con intérpretes de indiscutible talento, aunque en esta ocasión no he encontrado en sus personajes la profundidad necesaria para que sus interpretaciones terminen de emocionarme.
Creo que el principal problema de Amarga Navidad está en la distancia que establece con aquello que pretende contar. Almodóvar ha demostrado muchas veces que sabe hablar del dolor, de la soledad, de las relaciones humanas y de las contradicciones de la vida con una sensibilidad especial. Aquí, en cambio, su mirada hacia el mundo de la creación y hacia sus propias inquietudes me resulta demasiado encerrada en sí misma, fría… diría que perfectamente aséptica.
No me atrevería a decir que es una película carente de interés, porque su propuesta visual y su manera de jugar con la ficción tienen elementos que merece la pena prestar atención, pero sí me parece una obra menor dentro de la filmografía de un director que nos ha regalado películas capaces de conmovernos y sorprendernos al máximo y precisamente por conocer lo que Almodóvar puede llegar a conseguir, me da más pena sentir que esta vez no ha encontrado el camino.
Ojalá su próximo trabajo recupere esa capacidad de mirar a los personajes de frente, sin tantas vueltas, y de encontrar en sus contradicciones algo que nos haga reconocernos en ellos, porque el cine necesita hacernos sentir y a mí, por desgracia, Amarga Navidad no lo ha conseguido.
Almodóvar nos regala un juego de espejos impecable, donde la realidad de Elsa y los fantasmas creativos de Raúl se difuminan en una paleta cromática deslumbrante, pero donde el dolor se vuelve puramente geométrico. Nos queda una película visualmente bellísima que, paradójicamente, se olvida de lo más importante… que el cine, antes de ser un brillante ejercicio de estilo sobre el arte de crear, es el impulso sagrado de hacernos sangrar el alma.




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