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domingo, 21 de junio de 2026

La teta asustada





Año: 2009
Duración: 94 min.
País: Perú
Dirección: Claudia Llosa
Guion: Claudia Llosa
Música: Selma Mutal
Fotografía: Natasha Braier
Reparto:
Magaly Solier, Susi Sánchez, Antolín Prieto...


Fausta (Magaly Solier), es una joven que padece un mal místico y atávico que se llama "la teta asustada". Según las creencias de las comunidades andinas, esta "enfermedad" se transmite a través de la leche materna de mujeres que fueron violadas o maltratadas durante la época del terrorismo y el conflicto armado en el Perú.


La creencia popular sostiene que quienes nacen infectados por este miedo nacen sin alma, lo que condena a Fausta a vivir en un estado de terror absoluto y constante aislamiento. Para proteger su propia intimidad frente al pánico obsesivo que le tiene a los hombres y a sufrir una agresión sexual, Fausta oculta un impactante secreto: se ha introducido una patata en la vagina a modo de escudo protector.


Tras la súbita muerte de su madre, Fausta se ve obligada a afrontar el mundo exterior por sí misma para cumplir el último deseo de su progenitora: conseguir el dinero necesario para llevar su cuerpo de regreso a su pueblo natal y darle un entierro digno.


Para lograrlo, la protagonista empieza a trabajar como empleada doméstica en la residencia de Aída (Susi Sánchez), una refinada concertista de piano de clase alta en Lima.




Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival Internacional de Berlín 2009
FIPRESCI - Premio Internacional de la Crítica en el Festival Internacional de Berlín 2009


Premio Coral a la Mejor Película en el Festival del Nuevo Cine Iberoamericano de La Habana 2009


Premios APRECI 2009 a la Mejor Película




La película se convierte en el eje de una historia que habla de heridas que pasan de una generación a otra y de un miedo que se instala en el cuerpo y en el alma... la directora peruana ha explicado en varias ocasiones que su intención era mantener viva la memoria de las víctimas que sufrieron la violencia que sacudió Perú durante los años ochenta y noventa, tanto por parte de los grupos armados como de las fuerzas del Estado y con esta intención se nos presenta desde el primer momento este significado para poder adentrarnos en la historia.
Magaly Solier sostiene prácticamente toda la película con una interpretación contenida... interpretando a una mujer atrapada por los temores heredados, alguien que vive encerrada en sí misma, con una tristeza permanente y una fragilidad que apenas deja espacio para mostrar emociones más evidentes.
La historia avanza despacio, casi al ritmo pausado de las canciones que entona la protagonista y esa lentitud hace que todo tenga un aire muy áspero y seco... como esos caminos polvorientos que recorren los personajes. Sin embargo, también me ha provocado que en algunos momentos la narración resulte demasiado uniforme y líneal.
Lo que sin duda es incuestionable es la belleza de las imágenes... hay algo poético en la manera en que Claudia Llosa retrata los barrios humildes y las casas levantadas en las laderas... ese mosaico de tejados de colores, las calles de tierra, las personas que continúan adelante pese a las dificultades y una vida marcada por la pobreza, pero también por pequeños instantes de alegría y dignidad.
La fotografía posee una enorme sensibilidad y convierte escenas sencillas en imágenes llenas de lirismo. A eso se suma el magnífico trabajo musical de Selma Mutal... la música y las canciones tienen un peso muy importante y contribuyen a crear ese universo tan particular que respira la película.
Quizá donde más dudas me ha dejado ha sido en la capacidad de trasladarme ese miedo que constituye el centro del relato. Aun así, La teta asustada posee una personalidad propia y una mirada poco común, y quizá, entre tanta tristeza y tanta dureza, también deja espacio para una pequeña melodía de esperanza que asoma tímidamente al final.
La película me genera ciertos sentimientos encontrados... en un principio, vuelvo a decir que la trama me pareció sumamente prometedora al partir de un tema que a mí, personalmente, siempre me interesa: las represiones, el terrorismo de Estado y las dictaduras en ciertos rincones del mundo, centrándose en este caso en la historia de Perú, sin embargo, tras esos primeros cinco minutos tan potentes, la propuesta pasa a convertirse en una película muy lineal y plana. Creo que la directora podría haber exprimido muchísimo más tanto el potente eje político y social del que parte, como ese "realismo mágico un poco particular" que rodea a la protagonista y respecto a la actuación de Magaly Solier, es cierto que su interpretación no me transmite ningún tipo de emoción, aunque no obstante, quizás este vacío sea deliberado y responda a esa misma leyenda que da título a la película, según la cual los hijos nacidos de mujeres violadas nacen con "la teta asustada" y carecen de alma. Donde tengo claro, muy claro, clarísimo, que la película no deja espacio a la duda es en su apartado técnico, destacando una vez más la fabulosa fotografía y su banda sonora que, para mí, son sin duda lo mejor de toda la película y son precisamente estos elementos visuales y sonoros los que realmente creo que logran insuflar vida y lirismo a un relato que, a pesar de sus flaquezas narrativas, se despide dejándonos una pequeña pero bellísima melodía de esperanza.





sábado, 6 de junio de 2026

Doce hombres sin piedad





Título original: 12 Angry Men
Año: 1957
Duración: 95 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Sidney Lumet
Guion: Reginald Rose
Música: Kenyon Hopkins
Fotografía: Boris Kaufman
Reparto:
Henry Fonda, Lee J. Cobb, Jack Warden, E.G. Marshall, Martin Balsam, Ed Begley, John Fiedler, Robert Webber, Jack Klugman, George Voskovec, Joseph Sweeney, Edward Binns, Rudy Bond...


Ambientado en una claustrofóbica sala de deliberaciones, doce miembros de un jurado deben decidir por unanimidad si condenan a muerte a un joven acusado de asesinar a su padre. Al inicio, once de ellos votan "culpable" para acabar rápido, pero el jurado número 8 (Henry Fonda) vota "inocente", exigiendo un debate serio al albergar una duda razonable sobre las pruebas.


A través de una discusión milimétrica, este único hombre va desmontando los testimonios de la acusación, obligando al resto a enfrentarse a sus propios prejuicios raciales, traumas y contradicciones.




BAFTA 1958 al Mejor Actor Extranjero para Henry Fonda
Oso de Oro 1957 a la Mejor Película en el Festival Internacional de Berlín
Premio OCIC en el Festival Internacional de Berlín 1957
Premio del Sindicato de Guionistas (WGA) 1958 al Mejor Guion de Drama




Doce hombres sin piedad, dirigida por Sidney Lumet, es una extraordinaria película que nos cuenta la historia, que transcurre prácticamente toda en una única sala, donde doce miembros de un jurado deben decidir si un joven acusado de matar a su padre es culpable o inocente... si el veredicto es de culpabilidad, la condena será la pena de muerte.
Desde el primer momento parece que la decisión está tomada... once hombres quieren votar culpable y terminar cuanto antes, sin embargo, el jurado número 8 se niega a dar por cerrado el asunto. No asegura que el acusado sea inocente, pero sí cree que existe una duda razonable que merece ser discutida y a partir de ese instante comienza un intenso intercambio de opiniones que poco a poco va cambiando el rumbo de la deliberación.
Una de las cosas que hace grande a esta película es que todo lo que sabemos llega a través de las palabras de los personajes, y aun así... la historia resulta absorbente. Cada detalle que sale a la luz te obliga a replantearte lo que parecía evidente, y al final, acabas sintiéndote una integrante más de ese jurado, analizando cada argumento y cuestionando cada prueba.
Además de plantear un interesante debate sobre la justicia, a medida que avanza la discusión, salen a la superficie prejuicios, resentimientos, miedos y experiencias personales que influyen en la forma de juzgar a los demás.
Resulta admirable comprobar cómo Sidney Lumet logra tanto con recursos tan sencillos... su puesta en escena demuestra que una gran película no depende del presupuesto, sino de una buena historia y de saber contarla.
Casi siete décadas después de su estreno, sigue conservando toda su fuerza y continúa siendo una referencia imprescindible dentro del cine judicial. Para mí, es una de las películas que deberían verse al menos una vez en la vida... o dos.... o tres... o las que te apetezca, ya que me parece una lección magistral sobre cómo contar una historia y, al mismo tiempo, una mirada crítica sobre la sociedad y la justicia.
Lumet convierte su ópera prima en un prodigio cinematográfico con solo doce sillas, una bombilla desnuda y la inmensa valentía de un hombre dispuesto a encender la luz en mitad de la sombra.




domingo, 10 de mayo de 2026

La viajera





Título original: Yeohaengjaui pilyo
Año: 2024
Duración: 90 min.
País: Corea del Sur
Dirección: Hong Sang-soo
Guion: Hong Sang-soo
Música: Hong Sang-soo
Fotografía: Hong Sang-soo
Reparto:
Isabelle Huppert, Lee Hye-young, Kwon Hae-hyo, Cho Yun-hee, Ha Seong-guk...


Iris (Isabelle Huppert) es una mujer francesa de origen misterioso que deambula por Seúl. Sin dinero ni medios para mantenerse, comienza a trabajar como profesora de francés utilizando un método poco convencional: pide a sus alumnos que expresen emociones profundas y personales, que ella traduce y anota en tarjetas para que las memoricen.


Mientras vaga por parques, toca la flauta dulce y disfruta del makgeolli (vino de arroz coreano), Iris entabla conversaciones introspectivas con extraños que revelan la dificultad de comunicar lo que realmente sentimos.




Oso de Plata - Gran Premio del Jurado en el Festival Internacional de Berlín 2024




La viajera es una de esas películas que te puede fascinar o desesperar... en mi caso, me dejó en una especie de tierra de nadie entre el interés y el cansancio.
La película pone en el foco central a Iris, una mujer que se mueve por Seúl dando clases de francés con un método tan extraño como abstracto, basado más en las emociones que en las palabras. La idea podría haber dado pie a algo realmente especial, pero la sensación que tuve es que la película se queda girando continuamente sobre sí misma, repitiendo gestos, conversaciones y silencios hasta vaciar por completo lo que intenta transmitir. Hay momentos en los que parece buscar una profundidad enorme en cosas muy pequeñas, aunque muchas veces lo único que consigue es quedarse suspendida en una especie de apatía constante.
Es verdad que el cine de Hong Sang-soo funciona así... sus personajes aparecen y desaparecen casi sin contexto y aquí juega con esa forma de narrar, tan libre como desordenada.
La película quiere ser delicada, casi flotante, pero en bastantes escenas se vuelve fría y distante y esa idea de “sentir las palabras” termina por parecer más un eco vacío que como algo realmente transformador.
Lo curioso es que, pese a todo, esa manera de mirar a los personajes puede resultar incluso divertida si consigues entrar en el juego de Hong Sang-soo, pero detrás de esa aparente sencillez hay una película que puede resultar plana, repetitiva y demasiado encerrada en sí misma.
Al final, La viajera se queda suspendida en esa extraña zona donde la sencillez roza la intrascendencia. Me ha resultado una película que, al igual que su protagonista, parece caminar sin rumbo fijo, confiando en que el azar y el alcohol rellenen los huecos de un guion que se desvanece mientras se escribe.
Me quedo con la presencia magnética de Isabelle Huppert y con Lee Hye-young en esta película que, como el método de Iris, nos pide sentir más que entender, aunque al terminar el viaje la sensación sea la de haber contemplado un paisaje hermoso a través de un cristal empañado.