Título original: The Sting
Año: 1973
Duración: 129 min.
País: Estados Unidos
Dirección: George Roy Hill
Guion: David S. Ward
Año: 1973
Duración: 129 min.
País: Estados Unidos
Dirección: George Roy Hill
Guion: David S. Ward
Música: Marvin Hamlisch
Fotografía: Robert Surtees
Reparto:
Robert Redford, Paul Newman, Robert Shaw, Charles Durning, Ray Walston, Eileen Brennan, Harold Gould, Dana Elcar, Charles Dierkop, Dimitra Arliss, Robert Earl Jones, Avon Long...
Robert Redford, Paul Newman, Robert Shaw, Charles Durning, Ray Walston, Eileen Brennan, Harold Gould, Dana Elcar, Charles Dierkop, Dimitra Arliss, Robert Earl Jones, Avon Long...
Ambientada en la ciudad de Chicago durante la Gran Depresión de los años 30, la trama arranca cuando Johnny Hooker (Robert Redford), un joven y astuto estafador de poca monta, roba sin saberlo una enorme cantidad de dinero a un correo que trabaja para Doyle Lonnegan (Robert Shaw), un despiadado y poderoso jefe de la mafia neoyorquina. En represalia, Lonnegan ordena asesinar a Luther Coleman, el veterano mentor y socio de Hooker.
Destrozado y buscando justicia, Hooker huye a Chicago para contactar a Henry Gondorff (Paul Newman), un viejo amigo de Luther y maestro de la gran estafa que vive ocultándose del FBI.
Juntos, Hooker y Gondorff deciden vengar la muerte de su amigo montando una monumental, complejísima y teatral estafa para arruinar financieramente a Lonnegan sin que este se dé cuenta de que está siendo engañado. Para lograrlo, reclutan a un numeroso grupo de timadores profesionales y crean desde cero una falsa casa de apuestas de carreras de caballos clandestina.
Oscar 1974 a la Mejor Película
Oscar 1974 a la Mejor Dirección
Oscar 1974 al Mejor Guion Original
Oscar 1974 al Mejor Montaje
Oscar 1974 a la Mejor Canción Original
Oscar 1974 al Mejor Diseño de Producción
Oscar 1974 al Mejor Vestuario
National Board of Review Award 1973 (Asociación de Críticos Norteamericanos) a la Mejor Película
Premio David di Donatello 1974 al Mejor Actor Extranjero para Robert Redford
Directors Guild of America Award (DGA) 1973 a la Mejor Dirección/Película
Hay películas que, por mucho tiempo que pase, siguen teniendo la capacidad de atraparme como si fuera la primera vez que las veo y El golpe es una de ellas. La he visto más de una vez y siempre consigue sorprenderme, atraparme y hacer que disfrute de cada escena.
George Roy Hill volvió a reunir a Paul Newman y Robert Redford después del enorme éxito de Dos hombres y un destino y el resultado no pudo ser mejor... los dos están extraordinarios y desprenden una complicidad que pocas veces se ve en pantalla, aunque si tengo que decantarme por uno de los dos, lo tengo claro, me quedo con Paul Newman.
Pero el reparto no termina con ellos dos... Robert Shaw también está sensacional. Consigue dar vida a un personaje duro y peligroso pero al mismo tiempo despierta una extraña simpatía ya que cuando termina la película me resulta imposible no sentir un poco de compasión por la forma en la que acaba siendo engañado.
La historia está construida con una inteligencia admirable y aunque ya conozca lo que va a ocurrir, nunca pierde su capacidad para sorprenderme... esa es una de las razones por las que considero que sigue siendo una película tan especial décadas después de su estreno.
La recreación de la época también me parece impecable... el vestuario, los decorados y todos los pequeños detalles consiguen transportarme por completo a otro tiempo... y luego está esa banda sonora que forma parte de la historia del cine.
Pero si hay una secuencia que siempre espero con ganas es la inolvidable partida de póker en el tren... me parece una escena brillante, aunque, siendo sincera, podría mencionar casi cualquier momento porque la película mantiene un nivel altísimo de principio a fin.
El golpe no es solo un clásico indiscutible... es la representación de por qué nos enamoramos del séptimo arte. Cada vez que los créditos finales comienzan a rodar, nos queda la maravillosa certeza de haber asistido a la estafa más hermosa de la historia del cine... un timo magistral en el que, aun conociendo de antemano el truco del mago, los espectadores nos dejamos engañar una y otra vez con absoluta felicidad, deseando volver a subir a ese tren para volver a jugar la partida.









