Mostrando entradas con la etiqueta Sátira. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sátira. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2026

Ser o no ser





Título original: To Be or Not to Be
Año: 1942
Duración: 99 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Ernst Lubitsch
Guion: Edwin Justus Mayer
Fotografía: Rudolph Maté
Reparto:
Carole Lombard, Jack Benny, Robert Stack, Stanley Ridges, Felix Bressart, Lionel Atwill, Sig Ruman, Tom Dugan, Charles Halton, George Lynn, Henry Victor, Maude Eburne, Halliwell Hobbes, Miles Mander...


Varsovia en 1939, justo durante la invasión y posterior ocupación alemana. Joseph (Jack Benny) y Maria Tura (Carole Lombard) son un matrimonio de actores y las vanidosas estrellas de una compañía de teatro local. Mientras Joseph interpreta el famoso monólogo de Hamlet de Shakespeare, Maria aprovecha para recibir en su camerino las visitas de Stanislav Sobinski (Robert Stack), un joven y apuesto piloto de la aviación polaca.


Cuando estalla la guerra, el piloto huye a Inglaterra junto a la resistencia, pero allí descubre una terrible amenaza: el respetado profesor Alexander Siletsky (Stanley Ridges) es en realidad un espía doble al servicio de la Gestapo. Siletsky viaja de regreso a Varsovia con una lista detallada que contiene los nombres de los familiares de los aviadores polacos y los líderes de la resistencia clandestina, lo que significaría su ejecución inmediata.


Para evitar la catástrofe, Sobinski se lanza en paracaídas sobre Polonia y contacta con Maria Tura. A partir de ese momento, toda la compañía teatral decide usar sus dotes de actuación, sus armarios de vestuario militar y los decorados de una obra censurada sobre Adolf Hitler para montar una farsa monumental.


Los actores se disfrazan de altos mandos de las SS y de la Gestapo para interceptar al traidor, infiltrarse en el cuartel general nazi y salvar a la resistencia polaca.




Premio Especial del Jurado en los Premios Sant Jordi 1970





Pocas veces una película consigue hacerte reír mientras habla de uno de los momentos más oscuros de la historia y eso es exactamente lo que pasa cuando ves Ser o no ser. Ernst Lubitsch demuestra que el humor también puede convertirse en un arma para ridiculizar el fanatismo y el autoritarismo, sin perder nunca la inteligencia ni la elegancia.
Desde sus primeros minutos te atrapa por completo... la forma en la que juega con la llegada de "Hitler" a las calles de Varsovia es brillante y poco después, todo empieza a cobrar sentido con una narración que mezcla realidad y ficción de una manera sorprendente.
La historia mezcla romance, espionaje, malentendidos y una sátira demoledora contra el nazismo con un equilibrio que a veces parece imposible. Cada situación da paso a otra todavía más ingeniosa, los diálogos están llenos de dobles sentidos y de respuestas brillantes y el ritmo nunca decae.
Destacable la valentía de Lubitsch que en plena Segunda Guerra Mundial decidió responder al horror con inteligencia, ridiculizando a Hitler, a la cúpula nazi, al militarismo y a la obediencia ciega y fanática, dejando en evidencia la absurda arrogancia del poder.
El reparto es magnífico, con unos secundarios maravillosos, un Jack Benny estupendo, pero resulta imposible no detenerse en el trabajo de Carole Lombard ya que saber que esta fue su última película añade un componente especialmente emotivo. El rodaje había terminado meses antes de que falleciera trágicamente en un accidente de avión, con solo 33 años, y el estreno se produjo poco después de su muerte, convirtiéndose en una de las interpretaciones más recordadas de toda su carrera.
Ser o no ser me parece una de esas películas que nunca pierden su fuerza... es divertida, inteligente y tremendamente actual en todo lo que cuenta, porque si Lubitsch siguiese entre nosotros en estos tiempos, se pondría las botas ridiculizando al fascismo y a los fascistas.
Ser o no ser es el testimonio de que la risa es, en muchas ocasiones, el acto de resistencia más elegante y feroz. Ernst Lubitsch no solo desafió al horror de su tiempo con una genialidad desbordante, sino que convirtió el escenario teatral en el escudo perfecto para desarmar la prepotencia del totalitarismo. Más de ochenta años después, cuando las luces de la sala se apagan, nos queda la certeza de que frente a la barbarie, el fanatismo y la rigidez de las dictaduras, el ingenio humano siempre tendrá la última y más brillante palabra.





domingo, 12 de julio de 2026

Tiempos modernos





Título original: Modern Times
Año: 1936
Duración: 89 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Charles Chaplin
Guion: Charles Chaplin
Música: Charles Chaplin 
Fotografía: Roland Totheroh e Ira H. Morgan  
Reparto:
Charles Chaplin, Paulette Goddard, Henry Bergman, Chester Conklin, Stanley Sandford, Hank Mann, Louis Natheaux, Allan Garcia...


Ambientada en la época de la Gran Depresión en los Estados Unidos, un obrero metalúrgico (Charles Chaplin) trabaja en una asfixiante fábrica, sometido al ritmo frenético de la producción en cadena de una gigantesca corporación.


El estrés extremo y la deshumanización del trabajo mecanizado acaban provocándole un ataque de nervios, lo que desencadena una serie de caóticos equívocos que lo llevan de la fábrica a un hospital psiquiátrico, y de ahí directo a la cárcel por ser confundido con el líder de una manifestación comunista.

Al salir de prisión, la vida del vagabundo cambia por completo al cruzarse en el camino de una joven huérfana y sin hogar (Paulette Goddard) que huye de la ley.


Juntos deciden unir sus fuerzas y enfrentarse a las duras e injustas condiciones de la vida moderna, encadenando todo tipo de trabajos precarios y peripecias con el único objetivo de encontrar la felicidad, la estabilidad y su propio lugar en el mundo.





Aún con el paso de los años y las décadas, Tiempos modernos sigue conservando toda su fuerza, donde Charles Chaplin no solo demuestra una vez más el enorme talento que tenía como cineasta y actor, sino también su compromiso con quienes peor lo pasaban en una época marcada por la pobreza, el desempleo y unas condiciones laborales cada vez más deshumanizadas.
Aunque el cine sonoro ya era una realidad, Chaplin decidió mantenerse fiel a la esencia de Charlot durante gran parte de la película, aunque en esta ocasión el personaje incluso llega a cantar y los efectos de sonido tienen más presencia.
La película nos sitúa en unos Estados Unidos golpeados por la Gran Depresión y a través del humor, Chaplin construye una crítica contra un sistema que convierte a las personas en simples piezas de una maquinaria donde solo importa producir más y más. Charlot intenta sobrevivir en ese mundo imposible, enfrentándose a trabajos repetitivos, fábricas que marcan el ritmo de cada movimiento y una sociedad que parece avanzar demasiado deprisa para alguien que solo quiere vivir con un poco de dignidad.
Los primeros minutos me parecen absolutamente brillantes, una magnífica sátira sobre la obsesión por la productividad que sigue siendo tan divertida como inquietante, pero tengo que reconocer que después de ese arranque tan extraordinario siento que la película pierde algo de intensidad.
La película nos habla del derecho a un trabajo digno, de las dificultades para encontrar un empleo, de la pobreza, de la falta de oportunidades, del acceso a una vivienda y de la necesidad de conservar la propia humanidad en un mundo que parece empeñado en arrebatársela... parece que no hemos cambiado tanto y nos resulta demasiado familiar y desgraciadamente, actual.
Respecto al guion, hubo acusaciones de que Chaplin había tomado ideas de À nous la liberté, de René Clair y es verdad que existen semejanzas entre ambas películas, igual que pueden encontrarse ecos de Metrópolis, pero Chaplin consigue convertir todas esas influencias en una historia con su marca tan única y personal.
Visualmente me parece que tiene una magnífica fotografía a manos de Roland Totheroh e Ira H. Morgan, quienes consiguen crear imágenes que ya forman parte de la historia del cine, y por supuesto, junto a Chaplin destaca una maravillosa Paulette Goddard, cuya presencia aporta luz y esperanza.
Puede que para mí no alcance la perfección de otras obras de Chaplin porque ese comienzo tan extraordinario pone el listón casi imposible de mantener, pero sigue siendo una película imprescindible. Divierte, emociona y sobre todo, nos invita a reflexionar sobre un modelo de sociedad que convierte a las personas en números y olvida que la dignidad siempre debería estar por encima de cualquier beneficio. Esa mirada es lo que hace que Tiempos modernos continúe siendo tan necesaria hoy como lo fue en 1936.




sábado, 11 de julio de 2026

Soñando con leones





Título original: Sonhar com Leões
Año: 2024
Duración: 88 min.
País: Portugal
Dirección: Paolo Marinou-Blanco
Guion: Paolo Marinou-Blanco
Música: Toni M. Mir
Fotografía: Glauco Firpo
Reparto:
Denise Fraga, João Monteiro, Joana Ribeiro, Victória Guerra, Sandra Faleiro, Roberto Bomtempo, António Durães, Felipe Rocha...


Gilda (Denise Fraga), es una mujer de mediana edad afincada en Lisboa que padece un doloroso cáncer de médula espinal. Desesperada por su situación y tras encadenar varios intentos fallidos de suicidio, decide buscar una alternativa.

Es así como contacta con una organización clandestina que realiza seminarios de eutanasia para pacientes en fase terminal que desean acabar con su vida sin dolor.


En esas charlas conoce a Amadeu (João Nunes Monteiro), un joven muy tímido que padece un tumor cerebral y trabaja en una funeraria. Entre ambos surge una complicidad inmediata nacida de su deseo compartido de escapar del sufrimiento bajo sus propios términos.




Premio a la Mejor Película Talent Balear en el Atlàntida Mallorca Film Fest 2025
Premio Sophia 2025 a la Mejor Película de Comedia





Soñando con leones es una película que aunque gira alrededor de la muerte, en realidad habla de la vida y, sobre todo, de la libertad de decidir cómo queremos despedirnos de ella.
La película nos presenta a una mujer con una enfermedad terminal que ha tomado una decisión sobre su futuro. El director nos la presenta con un inesperado toque de humor negro que marca el tono de muchas de las escenas posteriores y ese equilibrio entre momentos duros y otros cargados de una ironía casi absurda consigue que la historia sea más llevadera.
Realmente, más que centrarse en el hecho de morir, la película reflexiona sobre el derecho a elegir. Habla de la eutanasia con una enorme naturalidad y a través de los personajes que rodean a la protagonista aparecen distintas formas de entender este tema... quienes lo miran desde la religión, quienes se refugian en normas médicas y administrativas o quienes, simplemente, no son capaces de aceptar la pérdida porque temen quedarse solos.
Me ha gustado cómo evoluciona la relación entre la protagonista y el joven trabajador de una funeraria al que conoce en un peculiar grupo de apoyo para personas que conviven con la enfermedad o con la cercanía de la muerte. Entre ambos nace una amistad basada en la comprensión, el respeto y la compañía.
Una de las grandes sorpresas para mí ha sido su protagonista, Denise Fraga. No conocía su trabajo, sus películas anteriores y me ha parecido absolutamente extraordinaria.
Al final, al terminar la película he sentido una extraña sensación de paz. Es una película valiente, sensible y también comprometida, que invita a pensar sobre la autonomía, la dignidad y el derecho de cada persona a decidir sobre su propia vida.
Entre la crudeza del final y la ironía que nos salva del abismo, la película traza un puente de complicidad y ternura y en un mundo que a menudo nos obliga a transitar el dolor en silencio, esta película nos hace ver que la dignidad es el último derecho de nuestra existencia.