Título original: La sortie des usines Lumière
Año: 1895
Duración: 1 min.
País: Francia
Dirección: Louis Lumière
Año: 1895
Duración: 1 min.
País: Francia
Dirección: Louis Lumière
Fotografía: Louis Lumière
El argumento es de una sencillez absoluta y puramente testimonial: registra de manera fidedigna el momento exacto en que las puertas de la factoría fotográfica Lumière, situada en el barrio de Monplaisir en Lyon (Francia), se abren de par en par al mediodía para dar por terminada la jornada laboral.
Durante los escasos segundos que dura la filmación, una multitud compuesta por decenas de trabajadores, en su gran mayoría mujeres vestidas con largos vestidos y sombreros de la época, seguidas por hombres con trajes obreros y algunos capataces, desfilan apresuradamente saliendo del recinto hacia los lados de la pantalla.
Cada vez que vuelvo a ver la Salida de los obreros de la fábrica Lumière, no veo delante de mí únicamente a un grupo de personas abandonando su trabajo al terminar la jornada, sino que aparece el instante en el que el cine comenzó a caminar por primera vez.
La propuesta no puede ser más sencilla... las puertas de la fábrica Lumière, en Lyon, se abren y los trabajadores y trabajadoras salen al exterior con la naturalidad de quien termina un día cualquiera. No hay personajes inventados, ni intérpretes, ni una historia escrita de antemano... son personas reales viviendo un momento cotidiano que, sin saberlo, acabaría convirtiéndose en uno de los fragmentos más importantes de la historia de la cultura y precisamente ahí reside toda su grandeza ya que lo que hoy puede parecer una imagen corriente fue, en su momento, una auténtica revolución. Aquella breve grabación consiguió algo que hasta entonces parecía imposible... atrapar un pedazo de la vida y conservarlo para siempre.
Mientras observo a esas personas cruzar la puerta de la fábrica, me gusta imaginar que entre ellas también avanzan, invisibles, todos los sueños que el cine nos regalaría después. Entre esos pasos casi puedo imaginar el bastón de Charles Chaplin, la intensidad de Greta Garbo, la mirada de Mastroianni, el universo de Federico Fellini, la energía de Pedro Almodóvar, la presencia de Katharine Hepburn, el talento de Meryl Streep, la fuerza de Anthony Hopkins, la elegancia de Audrey Hepburn, el inconformismo de Jane Campion, la creatividad de Guillermo del Toro o el sombrero de Sergio Leone esperando su momento... todos ellos, y miles de nombres más, nacieron simbólicamente en ese mismo instante.
Aquel pequeño milagro abrió una puerta que nunca más volvería a cerrarse y de esas imágenes también surgieron las historias que nos han emocionado durante más de un siglo... relatos inspirados en hechos reales, ficciones inolvidables, comedias capaces de hacernos reír, dramas que nos rompieron el corazón, aventuras, wésterns, musicales, documentales y tantos otros géneros que han llenado las pantallas de emociones. Detrás de todo ello han estado generaciones de directoras y directores, guionistas, productoras y productores, actrices, actores, técnicas, técnicos, especialistas, figurantes y un sinfín de personas que han convertido el cine en un lenguaje universal.
Cada vez que una película consigue emocionarme, hacerme reflexionar o acompañarme durante unas horas, siento que sigue latiendo aquella primera chispa nacida frente a una fábrica de Lyon, por eso este cortometraje significa mucho más que un documento histórico... es el primer latido de un arte que ha aprendido a hacernos reír, llorar, imaginar y comprender un poco mejor el mundo y a quienes lo habitamos. Todo empezó con unas puertas abriéndose y unas personas regresando a casa... nadie podía sospechar que, junto a ellas, también estaban saliendo millones de historias que todavía hoy continúan escribiéndose. Más de un siglo después, la magia sigue intacta.












