jueves, 22 de enero de 2026

La última orden





Título original: The Last Command
Año: 1928
Duración: 88 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Josef von Sternberg
Guion: John F. Goodrich y Herman J. Mankiewicz
Fotografía: Bert Glennon
Reparto:
Emil Jannings, Evelyn Brent, William Powell, Nicholas Soussanin, Fritz Feld, Guy Oliver, Harry Cording...


La historia comienza en el Hollywood de finales de los años veinte, donde un anciano extra de cine, empobrecido y alcohólico, acepta pequeños papeles sin que nadie conozca su pasado. Ese hombre es Sergius Alexander (Emil Jannings) y en otro tiempo fue un poderoso general del ejército zarista ruso.


A través de un largo recuerdo, la película nos lleva a la Rusia previa a la Revolución. Sergius es un militar orgulloso, autoritario y fiel al régimen, acostumbrado a mandar y a ser obedecido.


Su destino cambia cuando conoce a Natalie Dabrova, una joven revolucionaria (Evelyn Brent) de la que se enamora sin saber que ella conspira contra el sistema que él defiende. La relación entre ambos, marcada por el deseo, la traición y el conflicto político, precipita la caída del general.


Con el triunfo de la Revolución, Sergius lo pierde todo: su rango, su poder y su identidad. Exiliado y olvidado, acaba emigrando a Estados Unidos, donde sobrevive como figurante en películas que recrean, de forma casi cruel, el mundo que le arrebató la vida que conocía.


El pasado y el presente se cruzan cuando debe volver a interpretar, por última vez, el papel de general, enfrentándose a lo que fue y a lo que ya nunca volverá a ser.




Oscar 1929 al Mejor Actor Principal para Emil Jannings




La última orden es una de esas películas que aunque tienen casi un siglo encima, sigue transmitiendo una fuerza sorprendente. Es un drama que nos narra el final de un hombre poderoso, su caída, la humillación y esa mezcla de memoria y olvido que acompaña muchas veces al paso del tiempo. Cuentan algunas lenguas que la película nace de una anécdota —la leyenda de un viejo general del ejército zarista que apareció como extra en un rodaje de Ernst Lubitsch— y a partir de ahí se construye esta historia.
La escenografía, para ser de 1928, es prodigiosa y me fascina ver cómo ya en esos años había artistas capaces de dominar el lenguaje cinematográfico con una maestría enorme.
Y hablando de dominio de la pantalla, Emil Jannings, el protagonista absoluto, es sencillamente impresionante con su presencia arrolladora y es fácil entender por qué recibió el primer Oscar de la historia al Mejor actor.
Quiero destacar también la interpretación de Evelyn Brent que le da una réplica maravillosa a Jannings y en las que está deslumbrante en algunas escenas.
Sin duda, es un clásico que recomiendo a cualquiera que quiera entender de dónde viene el lenguaje del cine y cómo ya en sus primeras décadas había películas capaces de deslumbrar y a los que muchos directores de films contemporáneos harían bien en prestarles más atención y aprender de ellos.





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