Título original: The Girl Who Cried Pearls
Año: 2025
Duración: 16 min.
País: Canadá
Dirección: Chris Lavis y Maciek Szczerbowski
Duración: 16 min.
País: Canadá
Dirección: Chris Lavis y Maciek Szczerbowski
Guion: Chris Lavis, Isabelle Mandalian y Maciek Szczerbowski
Música: Patrick Watson
En el Montreal de principios del siglo XX, un joven sumido en la pobreza se enamora de una chica con un don tan hermoso como trágico: su dolor físico y emocional se materializa en perlas auténticas cada vez que llora.
Desesperado por salir de la miseria, el joven comienza a vender estas perlas a un prestamista despiadado que, cegado por la avaricia, exige una producción cada vez mayor.
Atrapado entre su amor por ella y la tentación de una riqueza fácil, el protagonista deberá decidir si protege a la mujer que ama o si sucumbe a la codicia que amenaza con destruirlos a ambos.
Premio CFI a la Mejor Animación Canadiense en el Ottawa International Animation Festival 2025
Premio del Jurado en el Festival de Annecy 2025
Premio al Mejor Cortometraje de Animación en los Premios Canadian Screen 2026
Mención Especial del Jurado por su atmósfera y diseño de producción en el Festival de Sitges 2025
La chica que lloraba perlas es un cortometraje oscuro y con un aire al de los viejos cuentos que en un principio parecen inocentes pero que si rascas un poco, esconden algo mucho más triste en sus capas más profundas.
El corto está realizado en stop motion, una técnica que siempre me ha parecido fascinante, porque me parece que es mágico ver cómo objetos y muñecos cobran vida a través de movimientos mínimos. Saber que cada gesto o cada pequeño desplazamiento ha requerido horas de trabajo manual hace que la experiencia tenga un valor especial y en este caso, nos encontramos con una animación artesanal y con cierto punto de imperfección que la hace más atractiva.
El corto nos lleva al Montreal de principios del siglo XX, en un ambiente frío y empobrecido donde un joven humilde se cruza con una chica muy extraña que tiene la particularidad tan hermosa como inquietante de que cuando llora, de sus ojos caen perlas.
A partir de ahí la historia funciona como una pequeña parábola donde destaca su atmósfera que tiene un aire sucio, oscuro, donde las calles, las casas… todo transmite una sensación de tristeza y pobreza que envuelve el relato.
La iluminación, las texturas y los escenarios construyen un mundo que crea una sensación de extrañeza que encaja perfectamente con la historia que está contando, que no es otra cosa más que un pequeño cuento sobre la fragilidad de la inocencia y de la bondad.
En pocos minutos consigue construir un universo propio con aire de cuento triste.






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