Comedia coral que se adentra en el hogar de Teresa, una mujer devota y controladora que cuida de su suegra nonagenaria con demencia senil. Con motivo del aniversario de la muerte del padre, sus cuatro hijas se reúnen en la casa familiar, lo que desencadena una serie de conflictos y situaciones embarazosas.
Las distintas personalidades de las hermanas —la cuidadora, la rebelde, la alocada y la aventurera— chocan entre sí, mientras cada una lidia con sus propias frustraciones, miedos y anhelos.
Marc (Álvaro Cervantes) y Rebeca (Úrsula Corberó) son una joven pareja que viaja hasta un antiguo caserío vasco que perteneció a su familia. Allí escribirán la historia común de sus raíces familiares, creando un gran árbol genealógico que reconstruya 25 años de relaciones de amor, desamor, sexo, locura, celos e infidelidades.
Durante esos días en el caserío, cada uno desvelará al otro secretos de su pasado, poniendo incluso en peligro su propia historia de amor. Será un revelador viaje que cambiará sus vidas por completo.
Compleja historia, pero nada que nos pueda sorprender viniendo de la mano de Julio Medem.
Como tampoco nos sorprende que por ello mismo la fotografía y los primeros planos son de una belleza visual a la que también nos tiene acostumbrados el director, en esta ocasión rodeado por un fantástico reparto.
Una película densa, sugestiva, a veces un poco enrevesada, singular, irregular y extraña, pero precisamente todo esto es lo que hace que irremediablemente te quedes atrapada en ella.
Lo peor, el final, no me ha terminado de convencer... lo mejor Ángela Molina, siempre maravillosa, sin olvidarnos de la fabulosa banda sonora.
Carmen (Maribel Verdú), un ama de casa del madrileño barrio de Carabanchel, descubre un día que su marido Carlos (Antonio de la Torre), parece estar poseído por un espíritu maligno.
Ahí empieza una exhaustiva investigación terrorífica a la par que disparatada para intentar recuperarlo.
Comedia negra, excéntrica, desconcertante y surrealista, que después de terminar de verla, estoy todavía intentando asimilarla y digerirla, ya que me ha gustado como me ha desagradado a partes iguales.
Todavía no sé cómo calificarla y eso no sé si es bueno o todo lo contrario.
Pensaba encontrarme con una comedia y al final he terminado angustiada y con ganas de que finalizase.
Lo que no se puede negar es el talento interpretativo de Maribel Verdú... menos mal que está ella para salvarla y darle un sentido para verla.