Título original: Tre ciotole
Año: 2025
Duración: 120 min.
País: Italia
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Enrico Audenino e Isabel Coixet
Año: 2025
Duración: 120 min.
País: Italia
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Enrico Audenino e Isabel Coixet
Música: Alfono de Vilallonga
Fotografía: Guido Michelotti
Reparto:
Alba Rohrwacher, Elio Germano, Silvia D'Amico, Francesco Carril, Galatéa Bellugi, Sarita Choudhury, Sofia D'Elia, Giorgio Colangeli...
Alba Rohrwacher, Elio Germano, Silvia D'Amico, Francesco Carril, Galatéa Bellugi, Sarita Choudhury, Sofia D'Elia, Giorgio Colangeli...
Marta (Alba Rohrwacher) y Antonio (Elio Germano) son una pareja afincada en Roma que decide separarse tras lo que parecía una discusión insignificante. Él, un prometedor chef de cocina, se refugia obsesivamente en sus fogones... ella, profesora de instituto, se sumerge en un profundo y triste silencio mientras lidia con una repentina pérdida de apetito.
Marta descubre que detrás de sus síntomas físicos no está el desamor, sino un diagnóstico médico devastador... un cáncer metastásico en fase terminal.
Lejos de hundirse, esta inminente cercanía con la muerte altera por completo sus prioridades, provocando que despierte en ella un deseo irrefrenable de vivir sin miedo y de saborear al máximo cada pequeño placer del tramo de vida que le queda.
Tres adioses es una película que va entrando poco a poco, que empieza con una historia aparentemente sencilla y termina hablando de la vida, el amor, las pérdidas y esa necesidad de aprender a mirar todo lo que nos rodea de otra manera cuando descubrimos que no tenemos todo el tiempo que creíamos poseer.
Marta es una profesora que comparte su vida con Antonio. Una discusión que parece no tener demasiada importancia acaba provocando la ruptura de la pareja. A partir de ahí, cada uno tendrá que seguir su camino, pero la vida todavía guarda para Marta una noticia que cambiará su manera de entender el mundo y de enfrentarse a lo que le queda por vivir. Un problema de salud serio la obliga a detenerse, a revisar sus prioridades y a preguntarse qué merece realmente la pena.
Isabel Coixet vuelve a acercarse a esos territorios que conoce tan bien… la fragilidad, la enfermedad, la muerte y el amor, pero lo hace sin recrearse en el sufrimiento ni buscar la lágrima fácil. La película habla de la muerte, pero, sobre todo, habla de la vida, de cómo la afrontamos, de las cosas que dejamos pendientes, de las palabras que no dijimos y de la importancia de reconciliarnos con nosotras mismas y con quienes nos rodean.
Tres adioses no necesita grandes golpes de efecto para emocionarte. La historia va encontrando su lugar con el paso de los minutos, hasta convertirse en una película delicada, donde es verdad que hay tristeza, claro que la hay, pero también una forma de esperanza que no nace de negar el dolor, sino de aprender a convivir con él y de entender que la vida no deja de tener belleza cuando las cosas se tuercen… a veces es justo entonces cuando empezamos a descubrirla en los lugares donde antes ni siquiera nos habíamos detenido a mirar.
Alba Rohrwacher está magnífica… consigue transmitir el desconcierto, el miedo y esa mezcla de sentimientos que aparece cuando una noticia te obliga a replantearte toda tu vida.
También me parece importante cómo Coixet construye el espacio en el que se desarrolla la historia. Roma está presente sin necesidad de convertirse en una postal turística. La ciudad aparece en sus calles, en los paseos junto al Tíber y en esos rincones que parecen guardar una vida propia.
Visualmente, la película es una preciosidad gracias a la fotografía de Guido Michelotti, rodada en 35 mm y la música de Alfonso Vilallonga y la selección de canciones también contribuyen a crear esa atmósfera tan reconocible del cine de Coixet.
Detrás de esta película hay, además, una historia que le da un significado especial. Tres adioses adapta Tres cuencos, la novela de Michela Murgia, escritora italiana, feminista y activista que murió en 2023. Su obra, marcada por una mirada muy personal sobre la vida y la enfermedad, tenía una dimensión tan íntima que hizo que Coixet se planteara si debía continuar con el proyecto después de su muerte. Finalmente, el apoyo de las personas cercanas a la escritora la animó a llevarlo adelante como una manera de mantener viva su voz a través del cine.
Es cierto que no toda la película ha mantenido esa intensidad emocional ya que el comienzo puede resultar algo irregular, sin embargo, según avanza la película, sus personajes y sus emociones van encontrando su lugar, y esa sensación inicial acaba dando paso a una narración que gana fuerza y sensibilidad.
Cuando el grano de los 35 mm se desvanece y la música de Vilallonga deja de sonar (atención a los créditos finales que llevan una pequeña sorpresa), comprendemos que el verdadero viaje de Marta ha sido un reencuentro con su propia luz. Tres adioses nos enseña que el cine, al igual que la eternidad de Roma, existe para congelar el tiempo que se nos escapa entre los dedos y que aprender a perder es en realidad, la forma más valiente y luminosa de aprender a vivir.
Una película bellísima que nos invita a apagar el proyector de nuestras prisas cotidianas, a romper con los guiones preestablecidos y a empezar a mirar todo lo que nos rodea como si fuera, verdaderamente, la primera o la última vez de nuestras vidas.





No hay comentarios:
Publicar un comentario
Suscríbete a esta entrada y recibe por email las nuevas actualizaciones y comentarios añadidos
Marca la opción "Avisarme"