sábado, 10 de octubre de 2026

El ser querido





Año: 2026
Duración: 135 min.
País: España
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Guion: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen
Música: Olivier Arson
Fotografía: Álex de Pablo


El aclamado director de cine Esteban Martínez (Javier Bardem) es una leyenda de la cinematografía, pero carga con un turbulento pasado marcado por la violencia y los excesos.

Para el rodaje de su nuevo proyecto (una película histórica sobre la ocupación del Sáhara en los años 30), viaja a la isla de Fuerteventura. Con el pretexto de ayudarla a relanzar su estancada carrera artística, Esteban le ofrece el papel protagonista a su hija Emilia (Victoria Luengo), con quien lleva 13 años sin hablarse.


La convivencia obligada y la enorme carga psicológica del set de rodaje fomentarán el reencuentro, pero también reabrirán profundas e históricas heridas familiares marcadas por la manipulación y el abandono.




El ser querido es una película intensa que me ha dejado con la sensación de haber asistido a una master class de cine.
Desde la primera escena, Sorogoyen sabe perfectamente cómo atrapar nuestra atención… una conversación en un bar va estrechando el cerco poco a poco, hasta que desaparece todo lo que hay alrededor y solo existen las dos personas que tenemos delante. La escena es una auténtica maravilla cinematográfica y una muestra de la precisión con la que está construida toda la película.
Javier Bardem y Victoria Luengo están soberbios… un auténtico choque de trenes a través de dos personajes que parecen condenados a acercarse y hacerse daño al mismo tiempo. Ambos se mantienen en una tensión constante que acaba salpicando a todo lo que les rodea. Bardem está descomunal, con esa capacidad para llenar la pantalla con un personaje que impone, incomoda y despierta sentimientos contradictorios y Victoria Luengo, poco puedo decir sobre ella salvo que está extraordinaria.
La historia de El ser querido nos acerca a Esteban Martínez, un director de cine admirado y acostumbrado a ejercer su autoridad, y a Emilia, su hija, una actriz que atraviesa un momento complicado de su carrera. Cuando él decide contar con ella para protagonizar su nueva película, ambientada en el Sáhara español de los años treinta, ambos vuelven a encontrarse.
Pero El ser querido no es una historia sencilla sobre un padre y una hija que intentan recuperar el tiempo perdido. Sorogoyen no busca que nos resulte fácil comprenderlos ni nos ofrece respuestas, lo que hace es mostrarnos a dos personas llenas de contradicciones y con heridas abiertas… porque una cosa es querer a alguien y otra muy distinta saber quererlo bien.
El guion, escrito por Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, un trabajo de escritura impresionante y la fotografía y su banda sonora son espectaculares.
Sorogoyen vuelve a demostrar que domina como pocos la tensión y la dirección de actores y me fascina el modo en que utiliza el propio cine dentro de la película. Los cambios de imagen, los diferentes formatos, el color y el blanco y negro forman parte de una propuesta que juega con la manera de mirar y de construir una historia… me encanta cuando una película consigue sorprenderme no solo por lo que cuenta, sino también por cómo lo cuenta.
Hay detalles de realización que me parecen una auténtica locura… la manera en que una escena pasa de lo que sucede ante la cámara a lo que después vemos reproducido en una pantalla, o ese instante en el que la luz entra en un camerino y cambia por completo la imagen, son ejemplos de una precisión visual que se disfruta especialmente cuando una se deja llevar por la película. Después de terminar de verla, salgo con la sensación de haber visto a un director explorar las posibilidades del lenguaje cinematográfico con una libertad y una seguridad admirables.
El ser querido es una película exigente, de diálogos largos y emociones contenidas. Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña firman una historia en la que las heridas familiares se mezclan con las dificultades de crear, interpretar y enfrentarse a la propia verdad. Porque la película también nos habla de los papeles que representamos ante los demás, de las versiones de nosotros mismos que hemos aprendido a sostener y de lo difícil que resulta dejar de actuar cuando llega el momento de enfrentarnos a lo que realmente somos.
Me parece una propuesta que nos muestra que el cine no consiste únicamente en contar una buena historia, sino en encontrar una manera propia de hacerlo ya que dos películas pueden partir de ideas parecidas pero lo que termina marcando la diferencia es la mirada de quien se coloca detrás de la cámara… y Sorogoyen tiene una mirada propia, una que sabe mantenerte dentro de la historia hasta el último momento y que convierte los silencios en palabras.
Al final, cuando las luces de la sala se encienden y los formatos de imagen dejan de mutar en la pantalla, nos queda la certeza de haber habitado un espacio donde el cine se piensa a sí mismo. El ser querido es ese instante en que la luz entra en el camerino de nuestra propia vida… un fogonazo que desnuda nuestras ficciones familiares y nos obliga a apagar el proyector, a bajarnos del escenario y a mirarnos sin ningún guion de por medio.




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