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domingo, 19 de octubre de 2025

Un fantasma en la batalla





Año: 2025
Duración: 105 min.
País: España
Dirección: Agustín Díaz Yanes
Guion: Agustín Díaz Yanes
Música: Arnau Bataller
Fotografía: Paco Femenía
Reparto:
Susana Abaitua, Andrés Gertrúdix, Iraia EliasRaúl ArévaloAriadna Gil, Almagro San Miguel, Jaime ChávarriMikel LosadaEduardo Rejón, Iñaki Balboa, Diego Paris...


Amaia (Susana Abaitua), es una joven guardia civil que pasa más de diez años infiltrada como agente encubierta dentro de la organización terrorista ETA, con el único objetivo de localizar los zulos que la banda escondía en el sur de Francia.

Su vida se convierte en una existencia doble y silenciosa: por un lado, debe ganarse la confianza de quienes considera enemigos y por otro, debe mantener el contacto con sus superiores sin levantar sospechas.


A lo largo de su misión, Amaia vive en un limbo emocional donde la identidad, la lealtad y el miedo se confunden. Sus vínculos dentro de la organización se vuelven cada vez más personales y ambiguos, mientras su propia integridad psicológica comienza a resquebrajarse.





Un fantasma en la batalla, de Agustín Díaz Yanes, llega en un momento complicado para ella misma ya que se encuentra demasiado cerca en el tiempo y en nuestra memoria de La infiltrada, con la que comparte de forma inevitable tema, enfoque y estructura. Me cuesta no compararlas, aunque también siento que están hechas desde lugares diferentes, pero siento que La infiltrada se siente más visceral y más emocional, y Un fantasma en la batalla, en cambio, adopta una mirada más sobria, casi distante, como si se impusiera a sí misma no dejarse llevar por la emoción... y eso tiene su parte buena y su parte mala.
Lo mejor que tiene esta película —y lo que la diferencia claramente de la otra— es el uso del material de archivo. Díaz Yanes intercala imágenes reales de aquellos años con la ficción y eso ayuda muchísimo, sobre todo a quienes no vivieron esa época en primera persona ya que no se limita a contarte el contexto de la historia sino que te la pone delante de los ojos.
Susana Abaitua es quien se carga el peso de la película y consigue sostenerla, pero tengo que decirlo... Ariadna Gil no me resulta creíble en esta película y en el papel que interpreta.
La película intenta hablar del precio psicológico de infiltrarse en una organización armada, del peaje emocional que supone vivir durante años convertida en una persona que no eres y aunque el tema es potentísimo, la película se queda demasiado en la superficie, porque desde mi punto de vista, le falta conseguir traspasarte las emociones ya que parece que está más pendiente de narrar bien el contexto histórico que de profundizar en el alma de sus personajes.
Por terminar, diría que me deja una sensación extraña porque la siento como una película que cumple pero que no termina de sacudirme como esperaba.





martes, 29 de noviembre de 2016

Amama






Año: 2015
Duración: 103 min.
País: España
Dirección: 
Asier Altuna
Guión: Asier Altuna
Música: Javi Pez y Maite Arroitajauregi
Fotografía: Javier Agirre Erauso
Reparto:         
Iraia Elias, Kandido Uranga, Klara Badiola, Ander Lipus, Manu Uranga, Amparo Badiola, Nagore Aramburu...





Un caserío, en medio de un frondoso bosque, que representa un mundo antiguo, con sus costumbres ancestrales, como que nunca se dividirá la casa familiar, y será el primogénito varón quien herede la casa. Pero la vida de hoy hace que los dos hijos mayores, los varones, abandonen el caserío.


La única hija mujer, la oveja negra de la familia, artista y respondona, es quien se queda. Ella no se calla ante el mutismo de su padre, la sumisión de su madre y el silencio de la abuela.


Lo urbano frente a lo rural, el pasado frente al presente, los padres frente a los hijos. Todas estas cuestiones son reflejadas en la película desde el punto de vista de una abuela, que observa el mundo en silencio.





Amama es una película que no se cuenta, se siente. Es cine que respira al ritmo de la tierra, del caserío, de las heridas que no se nombran y de los silencios que lo dicen todo.
Desde el primer plano se nota que aquí hay una intención muy clara... hablar desde dentro, sin adornos innecesarios, con una sobriedad que conmueve más que cualquier exceso. La historia gira en torno a una familia vasca marcada por la rigidez, el arraigo, la tradición. Amama nos habla del conflicto inevitable entre generaciones, del peso de lo no dicho y de lo difícil que es, a veces, elegir entre lo que se espera de ti y lo que tú realmente deseas.
Visualmente es una maravilla, la fotografía es preciosa, muy cuidada y está llena de metáforas visuales que te atrapan aunque no sepas explicarlas. Tiene ese punto onírico que te deja pensando si lo que has visto es real o parte de algún sueño antiguo, pero en el que al final, todo encaja. Es una película que se cuece despacio, que te exige parar y observar.
Los personajes no gritan, no explican, son como esas personas de antes, de pueblo, que guardan el dolor dentro y lo muestran solo con la mirada o un gesto y eso es precisamente lo que la hace tan potente. Todo va por debajo, por capas, hay belleza y tristeza, hay lucha y resignación, pero también una rendija de esperanza.
No es una película para todos los públicos y eso me gusta. Tiene su propio ritmo y su propio idioma emocional.