Mostrando entradas con la etiqueta Javier Agirre Erauso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Agirre Erauso. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de enero de 2025

Marco






Año: 2024
Duración: 98 min.
País: España
Dirección: Aitor Arregi y Jon Garaño
Guion: Aitor Arregi, Jon Garaño, José Mari Goenaga y Jorge Gil Munárriz
Fotografía: Javier Agirre Erauso
Reparto:



Marco es una película que narra la historia real de Enric Marco, un hombre que durante años fingió ser un superviviente de los campos de concentración nazis.

Con una mezcla de carisma y persuasión, Marco se presentó ante el mundo como un superviviente del Holocausto, un hombre que había vivido el horror en sus propias carnes. Su engaño fue descubierto en 2005 por el historiador Benito Bermejo, revelando que nunca estuvo en un campo de concentración. 





Premio Forqué 2024 a la Mejor Interpretación Masculina para Eduard Fernández
Premio Feroz 2025 al Mejor Actor para Eduard Fernández
Premio 2025 del Círculo de Escritores Cinematográficos al Mejor Actor para Eduard Fernández


Goya 2025 al Mejor Actor Protagonista para Eduard Fernández
Goya 2025 al Mejor Maquillaje y Peluquería
Premio Platino 2025 a la Mejor Interpretación Masculina para Eduard Fernández



Acabo de ver Marco y me he quedado con una sensación extraña, entre la incomodidad y la fascinación, no por la historia que cuenta, sino por cómo la cuenta. Trata sobre Enric Marco, un hombre que durante años se hizo pasar por superviviente de un campo de concentración nazi, que se inventó una vida que no fue suya, construyó un relato lleno de dolor y heroísmo que no vivió y logró llegar a ser presidente de la Asociación Española de Víctimas del Holocausto. Todo el mundo lo admiraba… hasta que un historiador decidió comprobar los datos y desmontó la mentira.
La película nos presenta a Marco como un hombre con carisma, inteligente y con una habilidad brutal para convencer a cualquiera y eso es precisamente lo que da más miedo: que durante tanto tiempo haya engañado a tanta gente sin que nadie sospechara nada. La película plantea una pregunta difícil: ¿por qué alguien haría algo así? ¿Qué lo mueve? Y aunque no da respuestas cerradas, sí nos invita a mirar de frente una verdad incómoda: que la necesidad de ser alguien puede llevarnos muy lejos… incluso a vivir una mentira.
Eduard Fernández está sencillamente increíble. No necesita hacer grandes gestos, aspavientos ni discursos para mostrar lo que pasa por dentro del personaje y solo con una mirada, con un silencio, te lo dice todo. A su lado, Nathalie Poza está espléndida, como siempre y no quiero dejar de mencionar al fallecido Fermí Reixach, que tiene un papel pequeño pero muy importante.
La película mezcla muy bien tres planos: la vida familiar de Marco, la investigación que va destapando su historia y una especie de reflexión sobre la verdad, la mentira y cómo a veces las líneas entre una y otra se difuminan. Me gustó especialmente cómo se utilizan imágenes de archivo reales y pequeños toques documentales que le dan más peso a todo lo que ves, te recuerdan que no es solo ficción y que pasó de verdad.
Ahora bien, si tengo que decir algo que me faltó, sería quizá una mayor exploración sobre el pasado de Marco. Me quedé con ganas de saber más sobre su vida antes de la mentira, entender mejor qué lo empujó a todo esto y también creo que se podría haber desarrollado más esa línea tan interesante sobre la diferencia entre realidad y ficción, sobre cómo hoy en día vivimos rodeados de “bulos, mentiras, fake news”, llámalo como quieras, que muchos aceptan sin cuestionar.
Aun así, la película me parece muy recomendable, es tensa, emotiva, te mantiene pegada a la pantalla sin necesidad de fuegos artificiales. El guion está muy bien construido, la dirección es fantástica y el trabajo actoral es incuestionable y aunque habla de un caso que ocurrió hace veinte años, refleja tristemente el presente que vivimos, con esta época donde los bulos, las apariencias y los likes muchas veces pesan más que los hechos. Marco no solo nos cuenta una historia increíble sino que también nos obliga a pensar.







martes, 29 de noviembre de 2016

Amama






Año: 2015
Duración: 103 min.
País: España
Dirección: 
Asier Altuna
Guión: Asier Altuna
Música: Javi Pez y Maite Arroitajauregi
Fotografía: Javier Agirre Erauso
Reparto:         
Iraia Elias, Kandido Uranga, Klara Badiola, Ander Lipus, Manu Uranga, Amparo Badiola, Nagore Aramburu...





Un caserío, en medio de un frondoso bosque, que representa un mundo antiguo, con sus costumbres ancestrales, como que nunca se dividirá la casa familiar, y será el primogénito varón quien herede la casa. Pero la vida de hoy hace que los dos hijos mayores, los varones, abandonen el caserío.


La única hija mujer, la oveja negra de la familia, artista y respondona, es quien se queda. Ella no se calla ante el mutismo de su padre, la sumisión de su madre y el silencio de la abuela.


Lo urbano frente a lo rural, el pasado frente al presente, los padres frente a los hijos. Todas estas cuestiones son reflejadas en la película desde el punto de vista de una abuela, que observa el mundo en silencio.





Amama es una película que no se cuenta, se siente. Es cine que respira al ritmo de la tierra, del caserío, de las heridas que no se nombran y de los silencios que lo dicen todo.
Desde el primer plano se nota que aquí hay una intención muy clara... hablar desde dentro, sin adornos innecesarios, con una sobriedad que conmueve más que cualquier exceso. La historia gira en torno a una familia vasca marcada por la rigidez, el arraigo, la tradición. Amama nos habla del conflicto inevitable entre generaciones, del peso de lo no dicho y de lo difícil que es, a veces, elegir entre lo que se espera de ti y lo que tú realmente deseas.
Visualmente es una maravilla, la fotografía es preciosa, muy cuidada y está llena de metáforas visuales que te atrapan aunque no sepas explicarlas. Tiene ese punto onírico que te deja pensando si lo que has visto es real o parte de algún sueño antiguo, pero en el que al final, todo encaja. Es una película que se cuece despacio, que te exige parar y observar.
Los personajes no gritan, no explican, son como esas personas de antes, de pueblo, que guardan el dolor dentro y lo muestran solo con la mirada o un gesto y eso es precisamente lo que la hace tan potente. Todo va por debajo, por capas, hay belleza y tristeza, hay lucha y resignación, pero también una rendija de esperanza.
No es una película para todos los públicos y eso me gusta. Tiene su propio ritmo y su propio idioma emocional.