Título original: The Crowd
Año: 1928
Duración: 104 min.
País: Estados Unidos
Dirección: King Vidor
Guion: King Vidor, John V.A. Weaver, Harry Behn y Joseph Farnham
Año: 1928
Duración: 104 min.
País: Estados Unidos
Dirección: King Vidor
Guion: King Vidor, John V.A. Weaver, Harry Behn y Joseph Farnham
Fotografía: Henry Sharp
Reparto:
James Murray, Eleanor Boardman, Bert Roach, Estelle Clark, Lucy Beaumont, Dell Henderson, Sidney Bracey, Virginia Sale, Pat Harmon, Larry Steers, Warner Richmond, Sally Eilers...
Reparto:
James Murray, Eleanor Boardman, Bert Roach, Estelle Clark, Lucy Beaumont, Dell Henderson, Sidney Bracey, Virginia Sale, Pat Harmon, Larry Steers, Warner Richmond, Sally Eilers...
John Sims (James Murray) es un joven idealista que, tras perder a su padre de niño, llega a Nueva York con grandes sueños de prosperar. Se casa con Mary Sims (Eleanor Boardman) y juntos construyen una vida que comienza con esperanza: trabajos modestos, una luna de miel, ilusiones de estabilidad y proyectos de futuro.
Pero poco a poco, las adversidades —la precariedad, la rutina, la decepción, las expectativas incumplidas— erosionan sus aspiraciones. El nacimiento de un hijo trae alegría, pero tras una tragedia inesperada —la muerte del niño en un accidente—, la pareja se hunde en la desesperanza.
Posiblemente estemos ante una de las grandes obras maestras del cine mudo y, sin embargo, creo que no es una película tan conocida como debería. A mí me ha dejado completamente impresionada, no solo por la forma en cómo está rodada sino por lo vigente que sigue siendo todo lo que nos cuenta.
Hay escenas de una modernidad pasmosa como ese plano inolvidable de la oficina, con la cámara ascendiendo por el rascacielos, entrando por la ventana y descubriendo desde lo alto una fila interminable de trabajadores inclinados sobre los papeles... me parece de una potencia visual y simbólica increíble incluso a día de hoy. Es cine que piensa, que observa, que entiende el mundo y lo traduce en imágenes con una claridad brutal y en ella lo tenemos todo... el anonimato, la rutina, el engranaje imparable que exige que sigamos adelante sin levantar la cabeza.
El tema que nos narra la película es profundamente atemporal: el paso del tiempo, la velocidad con la que se nos escapan los años, donde King Vidor nos muestra cómo la vida avanza sin pedir permiso, cómo en un suspiro se pasa de la esperanza al desgaste, de la risa a la tragedia, mientras el mundo sigue girando, pase lo que pase... el mundo marcha, y nosotros con él, queramos o no.
La película es ágil, directa, moderna y resulta increíble pensar que se rodó hace casi un siglo y siga sintiéndose tan viva y tan actual.
Vista desde el presente, Y el mundo marcha adquiere además una lectura social muy potente como es el desempleo, la precariedad, la falta de oportunidades, la fragilidad del individuo frente a un sistema que no mira atrás... sin duda King Vidor dejó en esta película una de las obras más lúcidas y honestas de su carrera.
Sé que habrá quien se resista a verla por ser muda y tan antigua, pero de verdad creo que no saben lo que se están perdiendo. Para mí es una obra maestra absoluta, un clásico incuestionable, tan fresca como el primer día, que demuestra que el buen cine no envejece. Una película que debería ser imprescindible para cualquiera que ame de verdad el cine.




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