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domingo, 12 de julio de 2026

Tiempos modernos





Título original: Modern Times
Año: 1936
Duración: 89 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Charles Chaplin
Guion: Charles Chaplin
Música: Charles Chaplin 
Fotografía: Roland Totheroh e Ira H. Morgan  
Reparto:
Charles Chaplin, Paulette Goddard, Henry Bergman, Chester Conklin, Stanley Sandford, Hank Mann, Louis Natheaux, Allan Garcia...


Ambientada en la época de la Gran Depresión en los Estados Unidos, un obrero metalúrgico (Charles Chaplin) trabaja en una asfixiante fábrica, sometido al ritmo frenético de la producción en cadena de una gigantesca corporación.


El estrés extremo y la deshumanización del trabajo mecanizado acaban provocándole un ataque de nervios, lo que desencadena una serie de caóticos equívocos que lo llevan de la fábrica a un hospital psiquiátrico, y de ahí directo a la cárcel por ser confundido con el líder de una manifestación comunista.

Al salir de prisión, la vida del vagabundo cambia por completo al cruzarse en el camino de una joven huérfana y sin hogar (Paulette Goddard) que huye de la ley.


Juntos deciden unir sus fuerzas y enfrentarse a las duras e injustas condiciones de la vida moderna, encadenando todo tipo de trabajos precarios y peripecias con el único objetivo de encontrar la felicidad, la estabilidad y su propio lugar en el mundo.





Aún con el paso de los años y las décadas, Tiempos modernos sigue conservando toda su fuerza, donde Charles Chaplin no solo demuestra una vez más el enorme talento que tenía como cineasta y actor, sino también su compromiso con quienes peor lo pasaban en una época marcada por la pobreza, el desempleo y unas condiciones laborales cada vez más deshumanizadas.
Aunque el cine sonoro ya era una realidad, Chaplin decidió mantenerse fiel a la esencia de Charlot durante gran parte de la película, aunque en esta ocasión el personaje incluso llega a cantar y los efectos de sonido tienen más presencia.
La película nos sitúa en unos Estados Unidos golpeados por la Gran Depresión y a través del humor, Chaplin construye una crítica contra un sistema que convierte a las personas en simples piezas de una maquinaria donde solo importa producir más y más. Charlot intenta sobrevivir en ese mundo imposible, enfrentándose a trabajos repetitivos, fábricas que marcan el ritmo de cada movimiento y una sociedad que parece avanzar demasiado deprisa para alguien que solo quiere vivir con un poco de dignidad.
Los primeros minutos me parecen absolutamente brillantes, una magnífica sátira sobre la obsesión por la productividad que sigue siendo tan divertida como inquietante, pero tengo que reconocer que después de ese arranque tan extraordinario siento que la película pierde algo de intensidad.
La película nos habla del derecho a un trabajo digno, de las dificultades para encontrar un empleo, de la pobreza, de la falta de oportunidades, del acceso a una vivienda y de la necesidad de conservar la propia humanidad en un mundo que parece empeñado en arrebatársela... parece que no hemos cambiado tanto y nos resulta demasiado familiar y desgraciadamente, actual.
Respecto al guion, hubo acusaciones de que Chaplin había tomado ideas de À nous la liberté, de René Clair y es verdad que existen semejanzas entre ambas películas, igual que pueden encontrarse ecos de Metrópolis, pero Chaplin consigue convertir todas esas influencias en una historia con su marca tan única y personal.
Visualmente me parece que tiene una magnífica fotografía a manos de Roland Totheroh e Ira H. Morgan, quienes consiguen crear imágenes que ya forman parte de la historia del cine, y por supuesto, junto a Chaplin destaca una maravillosa Paulette Goddard, cuya presencia aporta luz y esperanza.
Puede que para mí no alcance la perfección de otras obras de Chaplin porque ese comienzo tan extraordinario pone el listón casi imposible de mantener, pero sigue siendo una película imprescindible. Divierte, emociona y sobre todo, nos invita a reflexionar sobre un modelo de sociedad que convierte a las personas en números y olvida que la dignidad siempre debería estar por encima de cualquier beneficio. Esa mirada es lo que hace que Tiempos modernos continúe siendo tan necesaria hoy como lo fue en 1936.




domingo, 11 de enero de 2026

Emigrantes





Título original: A Ship Comes In
Año: 1928
Duración: 70 min.
País: Estados Unidos
Dirección: William K. Howard
Guion: Sonya Levien
Fotografía: Lucien N. Andriot
Reparto:
Louise Dresser, Rudolph Schildkraut, Fritz Feld, Lucien Littlefield, Louis Natheaux, Robert Edeson...


La familia Pleznik es una familia europea que emigra a Estados Unidos justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial con la esperanza de construir una vida mejor y formar parte del “sueño americano”.


Peter Pleznik, el patriarca, entra con entusiasmo en su nueva sociedad, hace amistades con su vecino Dan Casey, consigue trabajo como conserje en la embajada local y, tras años de esfuerzo, llega a convertirse en ciudadano estadounidense.


La historia se complica cuando Peter es incriminado en un complot para matar a un juez de la embajada tras encontrar un paquete explosivo junto a un obsequio que él había dado. Aunque es declarado culpable, su espíritu optimista no se rompe incluso en prisión.


La verdad acaba saliendo a la luz cuando el verdadero culpable confiesa y Peter es liberado con su trabajo y reputación restablecidos. La alegría familiar se ve matizada por una noticia desgarradora: Eric, el hijo mayor, muere en combate durante la guerra.


Aun así, la familia encuentra consuelo y orgullo en el hecho de que él también dio su vida por su nuevo país.





Ver Emigrantes hoy en día es acercarse a una historia que, en teoría, debería tocar nuestras fibras más sensibles, pero que en mi caso no ha conseguido hacerlo. La película sigue a una familia que deja atrás su país para empezar de cero en Estados Unidos, mostrando el viaje, las dificultades y las renuncias que implica ese salto al vacío.
He sentido que la narración avanza de forma algo mecánica, sin momentos que realmente me sacudan o me emocionen, algo que sí me ha pasado con muchas otras películas mudas de la época.
Además, hay un aspecto que me ha pesado bastante y que ha terminado alejándome aún más de la historia... el tono idealizado y casi propagandístico que envuelve la llegada a Estados Unidos. Da la sensación de que el mensaje final es que todo merece la pena simplemente por estar allí, como si ese destino lo justificara todo. Esa mirada tan complaciente y patriótica me resulta incómoda y hoy en día, bastante discutible.
No niego que Emigrantes tenga interés como documento de su tiempo y como reflejo de una mentalidad muy concreta, pero a nivel personal ha sido una de las películas mudas que menos me han llegado. Una película de la que no he disfrutado y que difícilmente recordaré entre las grandes experiencias que me está regalando el cine mudo.