Año: 2026
Duración: 94 min.
País: España
Dirección: Marta Matute
Guion: Marta Matute
Duración: 94 min.
País: España
Dirección: Marta Matute
Guion: Marta Matute
Música: Simon Fransquet
Fotografía: Sara Gallego
Reparto:
Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal, Laura Weissmahr, Guillermo Benet, Daniel Guerro, Rocío Calvo, Chema del Barco, Fran Cantos, Lorea Intxausti, Sofía de Iznájar...
Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal, Laura Weissmahr, Guillermo Benet, Daniel Guerro, Rocío Calvo, Chema del Barco, Fran Cantos, Lorea Intxausti, Sofía de Iznájar...
A sus 18 años, Claudia (Júlia Mascort) siente como la repentina irrupción del alzhéimer en la vida de su madre actúa como una tormenta silenciosa que sacude los cimientos de su hogar. Esta dolorosa realidad obliga a redefinir bruscamente los roles de una familia que arrastraba un largo historial de desconexión y desapego.
Atrapada en un profundo conflicto emocional entre el deber moral de cuidar a su progenitora y su legítimo anhelo de exprimir la vida como cualquier chica de su edad, Claudia iniciará un viaje prematuro, buscando la manera de amar y sostener a los suyos sin terminar renunciando a sí misma en el proceso.
Biznaga de Oro a la Mejor Película en el Festival de Málaga 2026
Premio a la Mejor Actriz para Júlia Mascort en el Festival de Málaga 2026
Premio al Mejor Actor de Reparto para Tomás del Estal en el Festival de Málaga 2026
Premio Feroz Puerta Oscura 2026 en el Festival de Málaga 2026
Yo no moriré de amor es el debut en el cine de la directora y guionista madrileña Marta Matute en la que nos presenta a Claudia que tiene 18 años y está viviendo ese momento de la vida en el que todavía queda mucho por descubrir, por equivocarse, por disfrutar y por empezar a decidir quién quieres ser… pero la enfermedad de su madre aparece de golpe y cambia por completo las reglas. De repente, esa juventud que parecía tener por delante se llena de responsabilidades para las que nadie está preparado y Claudia se ve obligada a crecer demasiado deprisa.
Marta Matute nos enseña a través de esta historia el cansancio, las discusiones, las diferencias entre quienes cuidan a las personas mayores, a las personas enfermas, las responsabilidades que no siempre se reparten como deberían entre los diferentes miembros de la familia y esa tensión que se va instalando dentro de una casa hasta terminar afectándolo todo.
Cuidar a una persona enferma no es solamente estar pendiente de ella… también significa aprender a vivir con una realidad que no has elegido, reorganizar tu vida, aparcar muchas veces tus propias necesidades y enfrentarte a sentimientos que ni siquiera tu misma sabes bien cómo colocar en tu interior.
Tengo que decir que en bastantes momentos me he sentido especialmente cerca de lo que estaba viendo. He vivido situaciones con mi amatxo que, aunque evidentemente no sean exactamente las mismas que aparecen en la película, me han hecho reconocer determinadas emociones, cansancios y sentimientos, y por ello, la película me ha tocado de una manera que me resulta muy difícil de explicar, porque ha habido escenas en las que he sentido como si algo me apretara por dentro, como si el pecho se hiciera más pequeño y respirar costara un poquito más.
Cuando una película consigue removerte de esa manera ya no puedes verla únicamente desde fuera… la terminas y te quedas pensando, y no sabes muy bien qué sientes, si alivio porque ha terminado, tristeza por todo lo que te ha hecho recordar o esa extraña sensación de descubrir que hay muchas personas atravesando situaciones que, a veces, creemos que solo nos han tocado a nosotras.
Es cierto que quizás yo hubiese ido un poco más lejos y me habría gustado que profundizara más en algunas de esas situaciones que pueden llegar a romper a una familia, alterar la vida de todos sus miembros, cambiar sus relaciones con los demás y dejar un desgaste emocional que no desaparece cuando la enfermedad termina, pero también entiendo que, si hubiera mostrado toda esa realidad con una crudeza todavía mayor, quizá habría sido una película casi insoportable de ver… y bastante difícil ha sido ya para mí en algunos momentos.
Las interpretaciones de Júlia Mascort y Tomás del Esnal están fuera de toda duda, pero quiero detenerme especialmente en Sonia Almarcha, porque Sonia Almarcha tiene algo que pocas intérpretes consiguen… parece que no está interpretando y en una historia como esta, donde las emociones están tan a flor de piel, esa naturalidad resulta fundamental. Su trabajo me ha parecido inmenso. Por supuesto, imposible no hablar de Laura Weissmahr, que vuelve a ganarme… poco más puedo decir ella, bueno, no es cierto… podría decir mucho y todo bueno.
Yo no moriré de amor me ha parecido una película sensible y muy humana, que me ha tocado, me ha removido y sobre todo, me ha hecho recordar y creo que su gran triunfo es su capacidad para romper la pantalla y abrazar a quienes hemos estado en esa trinchera. Marta Matute ha filmado un espejo doloroso pero necesario en el que podemos vernos reflejadas y darnos cuenta que no estamos solas en el cansancio ni en la culpa. Una película que raspa la memoria, que te obliga a respirar hondo al terminar de verla y que nos hace sentir que aunque la enfermedad arrase con todo, hay lazos que ninguna tormenta logrará borrar.







